“ Las tres Marías”

Cristiana Chamorro [email protected]

Le pregunté a varias personas representativas de diversos sectores qué pensaban de “las tres Marías” en la primera fila de la política nacional. Unos las atacan, otros las defienden, pero nadie les reconoce liderazgo político propio, ni motivaciones de interés nacional, sino completa sumisión a la agenda política y de negocios del reo Arnoldo Alemán

Es un tema que los políticos prefieren evadir, me dijo un ideólogo de las filas del PLC, con el siguiente argumento:

“A la mujer en la calle la golpean, la maltratan, hasta le cortan las manos, como el caso de Albertina, pero en Nicaragua no podés tocar a una mujer en política. Un pleito público de poder, con una mujer, es un pleito perdido. Si te peleás con ella estás ponche. Son flores para tu tumba política, mejor actuás con elegancia”.

En otras palabras “las tres Marías” son intocables dentro del partido liberal, por ahora, pero no lo han sido para los medios de comunicación desde que fueron bautizadas con ese nombre por “el padrino” del gobierno de Alemán. En la imitación del caudillo ellas se expresan bien, son seguras, audaces, valientes, pero a un grado de subordinación y confrontación que desvirtúa la idea de la mujer símbolo de dignidad ejerciendo el poder político y partidario.

Casualmente por eso las bautizaron como “ las tres Marías”, nombre de una película mejicana en la que las Marías son mujeres usadas para la intriga, el cuento, el mandado, la confidencia del caudillo como sus únicas emisarias y testaferras en lo político y lo económico.

En sociología a esto se le llama la otra cara de la violencia intrafamiliar, la de una suave violencia en la que la dominación masculina condena a la mujer a una negación de sí misma, a perder su identidad y autonomía propia. Sin embargo, este tipo de violencia doméstica, sutil, escalonada, sólo es posible en complicidad con las propias mujeres, unas plenamente conscientes y otras con más inocencia, pero al final del día cómplices.

Lo trágico de su protagonismo es que si no fuera por las circunstancias de “el hombre”, “las tres Marías” no estarían en la palestra pública. Se deben a la misma fuente de poder y conscientemente son cómplices del caudillo, pero naturalmente las tres no tienen las mismas razones para coincidir ante quien para unas él es su padre y para otra el esposo que ella dice encarnar o, como dicen en la calle, “clonar”.

Por eso a estas alturas del partido creo que no es justo hablar de “las tres Marías” como un solo cuerpo. Las dos jóvenes han sido desplazadas por su madrastra del poder del padre, y éste golpe es una oportunidad para ellas de construir su propia identidad política y comenzar a liberarse del fardo de la corrupción paternal.

Testigos presenciales de la relación entre “las tres Marías” aseguran que entre ellas no hay posibilidad de expresión abierta frente al caudillo. Sólo de forma subterránea. No confrontan a la mujer del “hombre” porque ella es la delegada oficial, y además, ha sabido manipular la victimización de la delincuencia del marido y la de una familia que lamentablemente ha sufrido la muerte de tres seres queridos en menos de un año.

“Es el momento de ella y él, o nadie”, afirman con nostalgia los hombres excluidos del círculo íntimo del ahora reo ex presidente Alemán, a quienes el factor María los ha dividido en dos corrientes.

Unos apuestan a profundizar la crisis dentro del PLC y facilitar la negociación con el FSLN, para que salga Alemán de la cárcel y retome el control del partido y del botín, devolviéndole a ella y a ellos su lugar. Otros se inclinan por comenzar a utilizar con independencia su espacio en la Asamblea Nacional para una recomposición del partido, al margen de la familia Alemán que controla el partido pero no los diputados.

Este último capítulo del PLC alemancista no es simplemente “la piñata de los delfines”, como dijo recientemente un dirigente sandinista. Para mí se parece más a las historias de la periodista española Rosa Montero en su libro: Pasiones, amores y desamores de parejas que cambiaron la historia.

Montero estudia la vida subterránea de unas cuantas parejas que por amor algunas, pero más que todo pasión desbordada por el poder y la riqueza, rozaron las glorias del cielo y las llamas del infierno. Su tesis es sobre la fuerza enajenante de esas pasiones capaces de poner en ridículo al mismo rey de todos los dioses y ser gestoras de grandes catástrofes en monarquías imperiales.

En nuestro caso es la agonía larga pero segura del partido liberal de los Alemán, un negocio político y económico privado de “el hombre” con su mujer. Ella jugando un doble papel regresivo de mujer y ciudadana para sólo ser simplemente la María del último caudillo liberal.

La autora es periodista.

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