Luis Sánchez S. [email protected]
A propósito de los alborotos callejeros que provocan algunos estudiantes universitarios, alguien me sugirió escribir sobre Telémaco. Pero el hijo de Ulises, el mítico héroe homérico de La Odisea, no el rector Telémaco Talavera, jefe de las universidades financiadas por el Estado.
Cuando el rey de Itaca, Ulises, marchó a la guerra de Troya, su hijo Telémaco —procreado con la bella y fiel Penélope— era un niño de cuna. Pero Ulises no quería ir a la guerra, pues a pesar de que según Homero era aguerrido, valiente y talentoso como ningún otro hombre en el mundo, se resistía a abandonar a su hijo, y a su esposa, a quien amaba de manera infinita. Inclusive, Ulises fingió estar loco, de manera que unció dos bestias de especies distintas a un yugo de arado, y araba en la arena del mar y sembraba sal en vez de trigo. Pero Palamedes, el astuto rey de Ubea que llegó a Itaca para exigir a Ulises que se fuera a combatir junto a sus hermanos griegos, sospechó que la locura era fingida y para comprobarlo sacó a Telémaco de su cuna y lo colocó en el suelo, donde debía pasar la reja de hierro del arado conducido por Ulises. Entonces éste detuvo el arado y levantó a su hijo, demostrando así que no estaba loco. Y así Ulises tuvo que irse a la guerra, pero antes encargó a su buen amigo y maestro, el sabio y prudente Mentor, que cuidara al pequeño Telémaco y lo educara.
Diez años duró la guerra de Troya, que terminó sólo después que Ulises urdió la estratagema del caballo, y así los griegos pudieron entrar a la ciudad y vencer a los troyanos. Y diez años más vagó el héroe por mares e islas, perdido como castigo del dios Poseidón porque en un alarde de soberbia humana se atrevió a decir que no había necesitado de la ayuda divina para tomarse Troya.
Pasados cinco años después que terminó la guerra de Troya, como Ulises no regresaba a Itaca el joven Telémaco dejó a su madre Penélope —quien era asediada por diversos pretendientes— y a la que cuidaba con un conmovedor amor filial, para partir en busca de su padre, protegido por la diosa Atenea que tomó la forma de Mentor para acompañarlo. Telémaco llegó a Pilos, y allí el rey Néstor (el sabio anciano que sirvió de consejero durante la guerra de Troya) le aconsejó que fuese a Esparta, donde reinaban Menelao y Helena, quienes tal vez sabrían algo de Ulises. Pero fue en vano.
Telémaco tardó cinco años en volver a Itaca y antes de llegar a su casa pasó por donde el porquerizo Eumeo, quien alojaba a un mendigo, que era Ulises disfrazado de tal manera por consejo de Atenea para averiguar quiénes le permanecían fieles y quiénes lo habían olvidado. Entonces padre e hijo unieron fuerzas para luchar contra los osados pretendientes de Penélope, que prácticamente se habían apoderado de Itaca, hasta echarlos del país.
Después Telémaco se casó con Policaste, hija de Néstor, pero según otras versiones fue con Circe (la reina maga que intentó seducir a Ulises), o con Nausica, hija de Alcinoo, rey de los reacios, quien ayudó a Ulises e inútilmente se enamoró de él.
Gracias a la novela Las aventuras de Telémaco, de Fénelon, Telémaco quedó para siempre como un paradigma de amor filial y de persona bien educada, sincera y sensata, como le enseñó Mentor.