Sueldos de virreyes

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Sueldos de virreyes





Una comisión de la Asamblea Nacional dictaminó el martes de esta semana un proyecto de ley de regulación salarial de los funcionarios superiores del Estado, que fue presentado por tres diputados sandinistas a principios de octubre de 2002. Y a juzgar por la tardanza en dictaminarla, cabe esperar que los diputados se demoren otro año en discutir y aprobar o rechazar el dictamen, si no es que lo engavetan.

En el dictamen mencionado se propone que el sueldo mensual del Presidente de la República quede en 7 mil dólares mensuales —o sea 3,100 dólares menos que hasta ahora—; el del Vicepresidente, 6 mil dólares; y para los ministros, magistrados, contralores, fiscal, procuradores y diputados 5,200 dólares. Por su parte, el presidente Enrique Bolaños propuso, en el proyecto de Presupuesto para el próximo año, una reducción del 10 por ciento de los sueldos de los funcionarios que ganan más de 50 mil córdobas (unos 3,200 dólares), con la que su propia remuneración quedaría en 9,630 dólares mensuales, 2,630 dólares más que lo que recomienda el dictamen parlamentario.

Además, las dos propuestas coinciden en sugerir la eliminación de las pensiones de privilegio que reciben algunos altos funcionarios, como el mismo presidente Bolaños, que cobra 8,600 dólares como pensión de ex Vicepresidente a pesar que renunció a ese cargo para conseguir otro más elevado —el de Presidente— y mucho mejor remunerado; y como el jefe sandinista Daniel Ortega, quien obtiene del dinero del pueblo más de 10 mil dólares mensuales, a pesar que es diputado no electo y recibe el correspondiente sueldo de parlamentario.

El viernes 31 de octubre recién pasado, LA PRENSA publicó un cuadro informativo sobre los sueldos presidenciales en 18 países iberoamericanos, en el que el Presidente de México aparece como el mejor remunerado, con 14 mil dólares mensuales, y en segundo lugar el de Nicaragua, con 10,700 dólares. En tanto que el Presidente de Argentina ocupa el último lugar, con apenas 1,052 dólares mensuales.

O sea que a pesar de que Nicaragua es uno de los países más pobres del mundo y está clamando por entrar a la categoría HIPC para que le perdonen la mayor parte de su deuda externa, sin embargo es uno de los que más ricamente paga a sus gobernantes. Chile, en cambio, que tiene la mejor economía en América Latina, asigna 4,200 dólares a su Presidente, y en Costa Rica, el país más próspero de Centroamérica, el Presidente tiene un sueldo de 3 mil dólares mensuales, luego que el actual, Abel Pacheco, se lo redujo en la mitad de lo que devengaba su antecesor.

Al respecto de los sueldos de la alta burocracia estatal, algunos analistas internacionales señalan que la experiencia ha demostrado que imponer sueldos bajos a los gobernantes no garantiza su transparencia y honradez. Pero tampoco sus sueldos elevados impiden la corrupción gubernamental, lo que se demostró en Nicaragua donde el ex presidente Arnoldo Alemán —ahora encarcelado por corrupto— justificaba sus desmesuradas remuneraciones, y las de sus allegados, con el cuento de que era para evitar la corrupción, pero su Gobierno resultó ser el más corrupto de toda la historia nacional.

En realidad, la solución más apropiada parece ser la de fijar a los funcionarios sueldos que guarden relación con las responsabilidades inherentes a los cargos y a sus capacidades y rendimiento, así como concordantes con las posibilidades reales de la economía y la recaudación de impuestos del país, y bajo un estricto sistema de control y vigilancia (institucional y social) sobre la administración pública.

Pero esto es lo ideal. Lo real es lo que deciden los propios altos funcionarios que son los que manejan las instituciones y aprueban las leyes, buscando siempre cómo beneficiarse a sí mismos. Y es evidente que ellos quisieran recibir sueldos como los de los virreyes españoles en la época colonial, que según historiadores ganaban cada mes, en ducados de oro, una suma equivalente a 100 mil dólares actuales.

Por cierto que precisamente por eso la palabra sueldo se deriva de solidus, después ducado, como se le llamaba a cierta moneda de oro de gran valor que coincidía con la paga de los soldados, más adelante con la de los criados y por último con la de algunos empleados públicos superiores.

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