Solución a la contaminación

Jorge A. Huete-Pérez

Los recientes casos emblemáticos de contaminación ambiental ocurridos tanto en el extranjero como en Nicaragua ponen de manifiesto lo obsoleto del sistema energético actual y, además, la urgente necesidad de innovar mejores tecnologías que aceleren los procesos de limpieza ambiental.

Día a día los efluentes, accidentes, residuos o desechos industriales contaminan los suelos y aguas superficiales, intoxican el aire, las corrientes acuosas, y los reservorios de agua. A manera de ilustración baste considerar los enormes daños económicos y ambientales ocasionados por el colapso del buque petrolero “Prestige”, que destruyó las costas de Galicia el año pasado, o aquí mismo, en Nicaragua. Considérese, por ejemplo, el derrame en mayo pasado de más de 700 galones de gasolina a escasos kilómetros del Lago Xolotlán. Seis meses después la percepción de contaminación sigue siendo evidente como lo demuestra la continua queja de vecinos. A estas alturas, aún continúan las labores de limpieza y ha sido difícil predecir las posibles afectaciones a la salud humana y ambiental.

La afectación de aguas y suelos como resultado de los frecuentes derrames de petróleo, incluyendo gasolina, kerosén y diesel, constituye una de las afectaciones más recalcitrantes y tóxicas, y probablemente de las más difíciles de remediar por métodos convencionales. La constante liberación de residuos carcinogénicos de hidrocarburos supera con creces los mecanismos naturales de auto-depuración de los diversos ecosistemas. Así las cosas, el desafío técnico planteado ha sido conseguir métodos “a la medida del desastre”, es decir, diseñados para tratar contaminantes específicos en sitios específicos.

Una nueva técnica de limpieza ambiental, la biorremediación, se viene empleando con mayor frecuencia en usos tan variados como restauración de suelos, limpieza de aguas subterráneas, control de vapores tóxicos y degradación de compuestos volátiles. La biorremediación, proceso biotecnológico que utiliza las propiedades naturales de las bacterias u otros microorganismos para degradar y transformar contaminantes, se ha centrado en la diversidad genética y bioquímica de los microbios para transformar contaminantes en productos inocuos. Curiosamente, una vez más, las bacterias siguen sorprendiéndonos por su versatilidad y su potencial en la degradación de substancias nocivas.

Hoy día, estudios de varios centros de investigación han contribuido con múltiples opciones en el uso de bacterias rescatadas del medio natural propio y cultivadas bajo la influencia permanente de hidrocarburos contaminantes. Y aún más, la aplicación de la ingeniería genética ha permitido construir nuevas cepas de bacterias con mejores capacidades de transformación química. Valga destacar aquí que, para orgullo de este país, algunos estudios considerados como novedosos dentro de esta disciplina han sido realizados bajo la conducción de Pedro Álvarez, un químico nicaragüense radicado en Iowa.

A pesar de todas las posibilidades de la biorremediación como tecnología de limpieza ambiental, no se puede esperar que ésta se convierta en la panacea de los problemas ambientales. Más allá de las soluciones técnicas, hará falta antes que nada la participación responsable y oportuna de las autoridades no sólo para recuperar los ecosistemas arruinados y para castigar a los culpables, sino también para preparar a la población en la prevención de los desastres ambientales.

En el contexto actual de globalización la amenaza de la degradación ambiental nunca fue tan inminente. A la vez, nunca se había requerido de una gestión ambiental tan audaz y centrada en la prevención de desastres. El cuido de las condiciones ambientales se ha convertido no únicamente en una necesidad sino en una responsabilidad ineludible. Desde el punto de vista del desarrollo integral del país, la salud ambiental es algo que debe abordarse con seriedad y a lo que se debe destinar los recursos necesarios.

Si bien muchos desastres se deben meramente a accidentes ocasionales, se sabe que, en la mayoría de casos, éstos ocurren por la acumulación de reiteradas negligencias. De tal manera que la ocurrencia de estos accidentes debería alentar a las autoridades a aumentar de forma diligente la fiscalización sobre las posibles fuentes de contaminación por hidrocarburos. Frente a la irresponsabilidad de quienes causan la contaminación, debería haber una acción decidida de quienes están obligados a hacer cumplir las normas de prevención.

Si de preservar el medio ambiente se trata, se hace necesario plantearse nuevos enfoques de desarrollo sostenible, lo cual supone una reducción radical del consumo de productos petrolíferos ya que, a fin de cuentas, estos desastres ambientales son inevitables consecuencias de un modelo energético obsoleto y dependiente de combustibles fósiles contaminantes. Se requiere ir substituyendo las tecnologías contaminantes que utilizan grandes cantidades de energía por procesos renovables como la energía solar, la eólica y la biomasa.

El autor es director del Centro de Biología Molecular de la UCA.

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