Tratado contra la corrupción

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Tratado contra la corrupción





A fines de la semana pasada la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) aprobó la Convención Internacional Contra la Corrupción (CIC), que es la primera en su género en toda la historia de dicho organismo mundial, y del mundo.

Dos años tardó la ONU en elaborar y aprobar dicha Convención, que en diciembre próximo se abrirá a firma (en Mérida, Yucatán, México) de los gobiernos de los 191 países que forman parte de ese organismo internacional, y que entrará en vigor tres meses después de ser ratificada por los órganos legislativos de al menos 30 países.

Es interesante tener en cuenta que, a juicio de los observadores que han conocido y examinado el texto de la Convención de la ONU contra la corrupción, en ésta no se hace una definición expresa de la corrupción, a fin de que las nuevas formas de actos corruptos que aparezcan posteriormente no se escapen de la acción de la justicia, por falta de tipificación. Sin embargo en la Convención se mencionan y manda a castigar delitos como el soborno, la malversación de caudales públicos, el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito, el lavado o blanqueo de dinero, y el encubrimiento, entre otros. Además, estipula que serán considerados como delitos no sólo los actos específicos de corrupción antes señalados, sino también cualquier forma de apoyo a los actos corruptos, así como la obstrucción de la justicia en las investigaciones correspondientes.

Se espera que la Convención de la ONU contra la corrupción venga a elevar el crédito de esta organización, cuya misma existencia ha sido cuestionada porque no ha sido capaz de actuar de manera oportuna y enérgica contra el terrorismo mundial, o porque ha permitido la acción bélica unilateral de unos países, encabezados por Estados Unidos, contra determinados gobiernos acusados de promover y apoyar a los terroristas.

Pero ante todo esta Convención viene a ser la culminación jurídica y política de un esfuerzo y un movimiento a escala mundial que se ha venido desenvolviendo y cobrando fuerza en los últimos años, “para —como se dijo en el Diálogo de la Tierra que se celebró con motivo del fin del segundo milenio e inicio del tercero— poner la ética y los valores en el corazón de la lucha por la armonización de la globalización con un desarrollo sostenible”. Mientras que Su Santidad, Juan Pablo II, ha hecho al respecto varias exhortaciones a elaborar “un código de ética para la globalización”, de un mundo que según el Santo Padre de los católicos tiene capacidad para alimentar al doble de la población actual, pero en el que anualmente más de 35 millones de personas mueren por hambre o por sus consecuencias inmediatas.

El Secretario General de la ONU, Kofi Annan, dijo —al clausurar la sesión de la Asamblea General que aprobó la Convención Contra la Corrupción—, que la acción de los corruptos “daña a los pobres desmesuradamente, es un elemento clave en los problemas económicos y un obstáculo principal para el desarrollo y la eliminación de la pobreza”. Y agregó que la Convención “advierte a los corruptos que la traición de la confianza pública dejará de ser tolerada”, y que la corrupción “es una plaga perniciosa de grandes efectos corrosivos en las sociedades, (que) mina la democracia y el imperio de la ley, conduce a la violación de los derechos humanos, distorsiona los mercados, erosiona la calidad de vida y permite el florecimiento del crimen organizado, el terrorismo y otras amenazas a la humanidad”.

El actual Gobierno de Nicaragua, que se ha distinguido en la lucha contra la corrupción y tiene el merecido respeto de la comunidad internacional por haber mandado a la cárcel a un ex Presidente de la República, por corrupto, será seguramente uno de los primeros en estampar la firma de aprobación a la mencionada Convención de la ONU. Y probablemente lo mandará de inmediato a la Asamblea Nacional, aunque en ésta probablemente no se podría ratificar tan fácilmente, debido a la dudosa calidad ética de la mayoría de los parlamentarios y a las estrechas conexiones que los principales de ellos tuvieron con gobiernos anteriores que fueron particularmente corruptos.

Por la dignidad de Nicaragua quisiéramos, en este caso, estar equivocados.

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