- En Posoltega viven una bomba de tiempo. No es el peligro de un deslave. Consumir agua es lo que se ha vuelto peligroso en un pueblo olvidado después del huracán Mitch (1998). Estudios demuestran la presencia de coliformes fecales en el agua, sustancias químicas tóxicas, nitratos y plaguicidas
Eduardo Marenco Tercero [email protected]
El agua que beben en Posoltega “no es apta para el consumo humano”. Es cristalina e inodora. Pero un estudio del Centro Humboldt determinó la presencia de plaguicidas que provocan cáncer, desórdenes hormonales y en el sistema nervioso, afectaciones en los riñones, diabetes y malformaciones.
Así se asegura en el Atlas Municipal, de Posoltega, elaborado por el Centro Humboldt, organismo no gubernamental que llevó a cabo el estudio sobre la presencia de plaguicidas en las fuentes de agua del municipio.
Según el estudio, hay restos de plaguicidas en el agua. Y eso es veneno para la sangre.
El origen: las bananeras y los algodonales asentados a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.
“Estamos hasta el cuello”, reconoce Manuel Hernández, responsable de la oficina del Medio Ambiente de Posoltega.
El estudio del Centro Humboldt, agrega Hernández, trajo dos noticias a Posoltega. La buena nueva fue que hay agua en abundancia y la mala, que el agua está contaminada.
UN FANTASMA RECORRE LAS CALLES DEL PUEBLO
El hecho es público y ha provocado que un fantasma recorra las calles sin asfaltar y llenas de charcos de Posoltega: es el fantasma de las enfermedades renales, las que se han disparado en la población en los últimos tiempos. Todos temen que sea a causa del agua que consumen.
Eusebio López Hernández ha perdido a tres de sus hermanos a causa de enfermedades renales. Podría ser un mal de familia, o un mal causado por las aguas contaminadas. Él y su hermana María Isabel López Hernández no conocen el origen de la enfermedad. De lo que están seguros es que sus tres hermanos murieron por el mal del riñón. El primero de ellos Santos Rogelio, falleció hace 18 años, necesitaba un transplante de riñón desde los trece. El segundo, Flavio Manuel (36), falleció hace tres años, también a causa de deficiencia renal. Y el tercero, Justo Rufino (44), murió en el 2001 por la misma razón.
María Isabel tiene seis hijos y ninguno padece de enfermedades renales. Hasta ahora.
Descalza, en la puerta de su casa de tejas rojas y paredes de adobe, asegura: “El agua tiene que ver en la mayoría de los casos de las personas que han muerto por enfermedad renal”.
MIEDO AL AGUA
No tiene pruebas científicas, pero añade: “Lo que se decirle es que los médicos del centro de salud traen agua purificada para tomar”.
El centro de salud está casi en ruinas, sucio y abandonado. De la malla cuelga una pancarta advirtiendo del mosquito transmisor del dengue, pero el camino de tierra que va al centro está lleno de charcos.
¿Qué hacer? La Alcaldía lleva a cabo campañas educativas y de reforestación, pero con hervir el agua y clorarla se matan las bacterias provenientes de las heces fecales, no así los residuos de plaguicidas, los que continúan en el agua. Visión Mundial ha entregado filtros a un sector de la población pero no a todos.
Por ahora la esperanza es dar un SOS al mundo.
Desde que se hizo el estudio, hace dos años, poco ha cambiado.
Lo que ha aumentado es el temor a consumir agua, aunque María Isabel tiene un consuelo:
—“Al final todos somos de la muerte”.
AGUA CONTAMINADA POR HECES
El agua está contaminada por “coliformes fecales” que ocasionan diarrea. Es decir, hay presencia de la bacteria “Escherichia Coli” que tiene un origen fecal, detectada en 16 fuentes de agua distintas.
Asimismo, se detectó la presencia de estreptococos, otro tipo de bacteria, en catorce fuentes de agua. Estas bacterias normalmente también se encuentran en las heces de los seres humanos.
Además, se detectó la presencia de nitratos, un químico-tóxico empleado en la agricultura como fertilizante, el cual aumenta la corrosividad del agua, afecta a lactantes y origina enfermedades como cianosis, es decir, la coloración azul y alguna vez negruzca o lívida de la piel, debido a trastornos circulatorios.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) considera que estas bacterias no deberían ser detectadas en agua para consumo humano porque afectan la salud.
En Posoltega, las comunidades más afectadas son El Tololar 1, 2, y 3, Calle Real del Bosque y las comunidades de El Trianón, El Tanque y Daniel Rivera.
EN CHICHIGALPA LA HISTORIA SE REPITE
Jesús Marín, director de sustancias tóxicas del Ministerio de Salud (Minsa), no conoce el estudio realizado por el Centro Hulmboldt en Posoltega, a pesar de que se hizo público hace dos años, e insta a este organismo no gubernamental a hacérselo llegar.
Sin embargo, señala que estudios realizados por el Minsa en las fuentes de agua de Chichigalpa, departamento de Chinandega, revelaron la existencia de metales pesados y de plaguicidas en las mismas, aunque no en cantidades nocivas para el consumo humano. Allí encontraron metales pesados como cannio, arsénico, plomo, aunque en el 95 por ciento de los pozos en un grado aceptable. El riesgo aumenta, de acuerdo a los estudios, en la medida en que los pozos están cerca de estaciones de gasolina.
Al mismo tiempo, asevera, el ochenta por ciento de los 890 casos de insuficiencia renal crónica que tienen contabilizados en los últimos tres años, se han producido en Chichigalpa. Un porcentaje mínimo en Posoltega.
Pero las causas de esta enfermedad son múltiples y no se ha comprobado un vínculo con el consumo de agua contaminada. Al revés: una de las causas de la insuficiencia renal crónica es el bajo consumo de agua, explica Marín.
La ingesta de alcohol, en especial “guaro lija”, el consumo de analgésicos, el impacto al medio ambiente de los cultivos de caña, entre otros elementos, han incidido en la propagación de esta enfermedad crónica, argumenta el funcionario.
El “guaro lija”, es vendido sin regulación, lo cual es un atentado a la salud, advierte.
En Chichigalpa localizaron un expendio por manzana.
La cadena volcánica es la principal fuente de contaminación de las aguas de Occidente, añade. “Es un riesgo con el que hay que subsistir”, concluye el toxicólogo clínico.