- Un mensaje de cumpleaños, felicitaciones, anuncios comerciales, fallecimiento o una cita amorosa, pero ante todo saludos a sus mejores amigos, envía imaginariamente moviendo magistralmente
sus dedos. Don Ramón Olivas Quintanilla llegó a Somoto como el primer telegrafista, cuando aún no había luz ni teléfono, se enamoró de la ciudad y se quedó para siempre
Martha Marina GonzálezCORRESPONSAL/ [email protected]
Durante 44 años trabajó de telegrafista, hasta que se jubiló. La “tecleadera” le quedó grabada en la memoria y en los dedos. Los recuerdos de esa época bullen ahora en su mente, mientras permanece postrado en una silla, ha perdido la mayor parte de su vista y se comunica imaginariamente con sus amigos como si estuviera en el telégrafo.
Ese es don José Ramón Olivas Quintanilla, conocido cariñosamente como don Monchito, quien utiliza como pasatiempo sus manos sobre la silla, simulando que está frente al telégrafo y desde ahí, según cuenta, envía mensajes a sus amigos o escucha las noticias en un radio que mantiene colgado sobre su pecho.
“Yo transmito bien mentalmente, desde Somoto, y me imagino a un compañero en Managua, los felicito, los recuerdo y les mando saludos, a Fabio Soza López, juez local de San Rafael del Norte, y me comunico con él no sólo por teléfono, sino mentalmente”, refiere.
DESDE LOS DIEZ AÑOS EN BUSCA DEL CHELÍN
Su atracción por el telégrafo surgió desde su infancia. A los diez años, en 1948, don José Ramón Olivas se inició como telegrafista para ganarse unos cuantos chelines para sobrevivir económicamente. Empezó en Estelí, y en 1960 se trasladó a Somoto.
Se jacta de que por sus manos pasaron miles de telegramas. Según él, recibía mensajes de cumpleaños, felicitaciones, anuncios comerciales, de fallecimientos y hasta de citas amorosas.
Una de las anécdotas que lo dejó marcado fue cuando ocurrió un incendio en Ducualí y necesitaban apoyo de la Guardia. El telegrama llegó a la una de la madrugada, pero don José Ramón Olivas decidió entregarlo hasta que amaneciera, pues su hermano Róger era el mensajero y no quiso levantarlo por lástima.
“Le dije al mensajero que mejor fuera por la mañana. El insistía en querer entregarlo y yo no lo dejé, pero en la mañana resultó el gran clavo, me pusieron restricto por 30 días sin salida y al mensajero por poco lo corren, fue duro, el trabajo de telegrafista era de mucha responsabilidad”, recuerda.
Don José Ramón no tiene una vida activa, ahora está a punto de perder la vista, pues los médicos le diagnosticaron una enfermedad conocida como glaucoma de ángulo abierto que no tiene cura: “Estoy fregado, casi no veo, me iban a operar, pero no he podido por la pobreza, ya no leo y me encantaba leer los periódicos”, manifiesta.
Don José Ramón Olivas Quintanilla, el veterano telegrafista que nació el cuatro de noviembre de 1938, recuerda que cuando se inició como telegrafista aún en el Norte no existía el teléfono.
HISTORIA DEL TELÉFONO EN SOMOTO
En 1963 llegaron a Somoto los primeros teléfonos de magneto. “No existían líneas, era difícil la comunicación telefónica, después llegó el servicio semiautomático, pero no se podía marcar directamente, tenía que pedir la llamada al telefonista”, cuenta don José Ramón Olivas Quintanilla.
Recuerda que hasta que llevaron una planta eléctrica –administrada por Leonidas Caldera– hubo luz en Somoto. “Sólo de noche, hasta las doce, había luz y para mantener la comunicación teníamos un motor y con unos canales entrábamos a Managua, pero al fallar la luz o estaba malo el motor, no había comunicación”.
Después llegó el servicio automático con una planta analógica que posteriormente fue trasladada a Quilalí y, por último, los digitales y ahora los celulares.
Don Monchito, José Ramón Olivas, originario de Ocotal y con muchos años de vivir en Somoto, recuerda que en 1955 llegó a Somoto el primer teléfono de magneto, el primero que se instaló fue en el Comando de la Guardia y al Centro de Salud. Asegura que los primeros abonados fueron el doctor Lara, doctor Juan Antonio Brenes Palacios y el teniente Bermúdez.
Haciendo un recorrido por la historia de las comunicaciones en Nicaragua, se dice que la aparición del primer teléfono en nuestro país fue en el año 1879, es decir, 76 años después llegó a Somoto.
Los primeros telefonistas de Somoto por los años 1955 fueron Víctor Manuel Otero (Oterito), Jesús Méndez (q.e.p.d.), Róger Valle, y don José Ramón Olivas Quintanilla.