Una de las cruces enfloradas ayer en las faldas del volcán Casita, donde un deslave mató a más de dos mil personas hace cinco años.

Llenaron de flores la ruta del deslave

Una mujer perdió a 60 familiares de un solo golpe Mercedes Peralta y José Luis González/[email protected] LEON.- Entre lágrimas, abrazos y oraciones, los sobrevivientes del huracán Mitch y sus familiares conmemoraron ayer junto a las autoridades del gobierno local y de la Diócesis de Occidente, el quinto aniversario de la tragedia, en la Iglesia Jesús […]

  • Una mujer perdió a 60 familiares
    de un solo golpe

Mercedes Peralta y José Luis González/[email protected]

LEON.- Entre lágrimas, abrazos y oraciones, los sobrevivientes del huracán Mitch y sus familiares conmemoraron ayer junto a las autoridades del gobierno local y de la Diócesis de Occidente, el quinto aniversario de la tragedia, en la Iglesia Jesús Nazareno, de Posoltega y en el Parque Memorial Volcán Casita.

Monseñor Bosco Vivas Robelo presidió el acto litúrgico y después familiares y amigos de las víctimas subieron hasta el monumento en memoria de las 2,500 personas muertas en cinco comunidades, entre ellas El Porvenir y Rolando Rodríguez, arrasadas por el deslave del Volcán Casita, el 30 de octubre de 1998.

A lo largo del camino de mas de diez kilómetros, desde la comunidad Rolando Rodríguez hasta El Tololar, en la ruta del deslave, entre la maleza se observaban ayer coronas de flores naturales y artificiales, que los sobrevivientes colocaron en recuerdo de las víctimas.

En el Parque Memorial, centenares de hombres, mujeres y niños escuchaban entre sollozos el mensaje de unidad y esperanza del alcalde Andrés Ramón Díaz, quien refirió las dificultades económicas que enfrenta Posoltega por el desempleo y la falta de programas productivos.

La diputada Felícita Zeledón, quien era alcaldesa de Posoltega cuando sucedió la tragedia, dijo que llegó ayer al Memorial, para “llorar nuestra pena y recibir ánimo”.

Zeledón entregó certificados de reconocimiento al coronel Víctor Boitano, del Ejército de Nicaragua en Occidente, y al mayor Gilberto Narváez, por la disposición demostrada en el rescate de los pobladores y sobrevivientes del alud en la comunidad Santa Narcisa, que quedó aislada hace cinco años.

También reconoció la labor de los organismos Médico Internacional, CARE, Acción Médica Cristiana, Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra y Visión Mundial, entre otros que participan aún en la reconstrucción del municipio.

“Levántate y resplandece porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová vendrá sobre ti”, reza una placa de mármol en memoria de los fallecidos, que entregó al alcalde el representante de la Misión Cristiana Verbo.

VIGILIA Y VELA

Los pobladores de la comunidad El Tanque, donde viven más de cien familias originarias de las cinco comunidades desaparecidas, realizaron la noche del miércoles una “vela simbólica” en el rancho comunitario hasta la medianoche.

Una exposición fotográfica señala el proceso de reconstrucción en esa comunidad en cinco años. Cada persona tiene un testimonio que contar y trata de sanar las heridas que aún tiene en el alma.

PERDIO A 60 FAMILIARES

En el acto conmemorativo, ayer en el parque memorial de Posoltega, la señora Felipa Mendoza Vásquez, de 57 años, recordó la pérdida de 18 familiares, tres hijos, dos hermanos, primos, sobrinos y nietos, todos éstos habitantes de la comarca Rolando Rodríguez.

Felipa lamenta mucho no haber recuperado ninguno de los cuerpos de sus familiares y no tener un sitio donde llorarlos.

Relató que cuando las corrientes de agua y lodo bajaban con fuerza del cerro e inundaron su hogar, tomó la decisión de salirse para evitar que se enfermara su nieta de apenas meses de nacida, pero el resto de familiares se quedaron cuidando la propiedad y allí murieron.

La señora Angelina Rojas, de 69 años, perdió a su única hija, cinco nietos y tres bisnietos, en la comarca Rolando Rodríguez.

“Estas fechas únicamente me recuerdan dolor y tristeza, aún continúa vivo el recuerdo de mis familiares desaparecidos”, comentó.

Julia González, de 69 años, también lloraba porque en la tragedia perdió a 60 familiares de un solo golpe, entre éstos sus padres, hermanos, nietos, tíos e hijos.

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