La importancia económica y jurídica de la integración

José Antonio Poveda [email protected] El tema de la integración económica ocupa hoy una posición central en las preocupaciones de los pueblos centroamericanos. En él confluyen las mayores esperanzas. Sobre él se ciernen también los más serios recelos. Le ocurre en cierto modo, al igual que a todas las grandes empresas de la historia, lo que […]

José Antonio Poveda [email protected]

El tema de la integración económica ocupa hoy una posición central en las preocupaciones de los pueblos centroamericanos. En él confluyen las mayores esperanzas. Sobre él se ciernen también los más serios recelos. Le ocurre en cierto modo, al igual que a todas las grandes empresas de la historia, lo que Sancho decía del caballero andante. En dos palabras se ve apaleado y emperador. Hoy es la más desdicha y menesterosa criatura del mundo y mañana tendrá dos o tres coronas que ofrecer a su escudero. Esas contradicciones nacen del hecho de que en el idealista y enrevesada de Don Quijote, los mayores aciertos con las más grandes falacias, las ideas más inobjetables con los más increíbles desvaríos.

¿Es o no provechosa la integración centroamericana? ¿En qué medida lo es o deja de serlo? ¿Ha sido o no debidamente enfocada? ¿Cuáles son sus posibilidades y sus peligros? Es extremadamente difícil abordar brevemente un tema que suscita una densa pluralidad de cuestiones. Más quizá por eso mismo, es conveniente delinear, a través de ese embrollo cúmulo de hechos y de ideas, los perfiles esenciales del problema. Ese es el propósito que, con las forzosas limitaciones del caso, se intenta en este artículo a vuelo de pájaro.

La significación positiva de la integración.

Conviene comenzar afirmando una idea fundamental. El proceso de integración tiene una indiscutible significación positiva. La integración económica implica una mayor extensión del mercado, una creciente especialización de los recursos productivos y un adecuado aprovechamiento de las posibilidades que brinda la moderna tecnología. Merced a la integración se incrementa el producto real que las sociedades humanas pueden obtener con unos recursos dados. Se hace posible, en consecuencia, una mejor satisfacción de las necesidades de los pueblos con el empleo de los conocimientos tecnológicos y de los recursos humanos, naturales y materiales disponibles.

La idea no es ciertamente nueva. Pertenece a las más clásicas e inobjetables proposiciones de la ciencia económica. Adan Smith inició la Riqueza de las Naciones exponiendo los efectos favorables que tiene la división del trabajo —esto es, el hecho constitutivo de la integración— en el aumento de la productividad del esfuerzo humano y en el uso de la maquinaria creada por la inventiva del hombre.

La historia del progreso económico de los pueblos se identifica, a grandes rasgos, con la historia de su integración. Se manifiesta en el paso de unidades económicas reducidas y cerradas —la familia, la aldea, el Estado-ciudad— hacia unidades económicas cada vez más extensas —la Nación, el orbe civilizado y, en último término, el mercado y la economía mundial—. Las grandes etapas de crecimiento económico han coincidido con poderosas ondas de integración. Así sucedió con la integración interna de las economías de los modernos Estados nacionales, con el largo proceso de liberalización y ampliación del comercio mundial que se extiende desde la revolución industrial inglesa hasta la Primera Guerra Mundial, y con el decidido y renovador movimiento integracionista que tiene lugar después de la última guerra mundial. Por el contrario, las etapas de relativa regresión y aún de violenta y agresiva hostilidad ideológica y nacional han coincidido con períodos de desintegración y aislamiento económico de los pueblos. Eso ocurrió, por ejemplo, con el período que se sitúa entre las dos guerras mundiales y, en particular, con el que inicia la gran depresión.

La integración económica de los pueblos centroamericanos, concebida como pieza integrante de un proceso de integración general de la economía, constituye, por las razones expuestas, una meta y un propósito de incuestionables valor y significación. Lo es para todo aquél que sepa superar la miope contemplación de intereses y limitaciones parroquiales. Resulta además particularmente justificada en un continente vinculado por profundas razones espirituales e históricas.

La integración ha de servir para crear un gran espacio abierto, donde circulen y compitan libremente los hombres, los bienes y las ideas, ha de eliminar las barreras y restricciones que limitan la división territorial del trabajo y frenan y distorsionan el desarrollo de las economías, por lo tanto, gracias a ello, el nivel de vida y el bienestar de los pueblos centroamericanos.

Desde la independencia de Centroamérica, de España el 15 de septiembre de 1821 hasta el año 1838, las Provincias Unidas Centroamericanas se mantuvieron integradas como una sola nación, pero a partir de esta última fecha la unión centroamericana se fracciona provocando el nacimiento de las cinco Repúblicas Centroamericanas, rompimiento causado por disputas políticas internas entre los partidos de las provincias de aquel entonces, movida por intereses económicos que dieron lugar a guerras, destrucción y muerte.

El sentir de los centroamericanos se nos viene manifestando por segunda vez a partir del rompimiento de la Unión, especialmente en el llamado que se hace a las naciones centroamericanas cuando los ejércitos de Centroamérica se unen para combatir y derrotar la amenaza del filibustero, encabezada por el norteamericano William Walker, quien pretendía apoderarse de nuestras pequeñas naciones y extender más hacia el sur el expansionismo norteamericano del presidente Taff.

Grandes hombres con ideas unionistas de esta región Central de América, han surgido a través de nuestra historia, personajes como José Cecilio del Valle, Francisco Morazán, José Simeón Cañas, los participantes en la guerra contra Walker, Emmanuel Mongalo, Santamaría, Darío, Asturias, Sandino, aportaron su grano de arena para tratar de formar la patria grande y fuerte de una Centroamérica unida.

Integración económica significa, en efecto, esencialmente, eliminación de las barreras jurídicas y políticas que frenan artificialmente la competencia y movilidad de bienes y recursos e impiden la conexión de mercados y unidades económicas que estarían o podrían estar recíprocamente conectados. Es por eso especialmente eficaz entre países y territorios que están estrechamente vinculados, en forma real o potencial, a través del movimiento de hombre, mercancías o capitales y en los cuales esa vinculación resulta artificialmente frenada por las interposiciones de barreras políticas e institucionales y no somos capaces de delegar soberanía en un órgano supranacional, para mantener el concepto de soberanía cerrada.

La cooperación e integración de un conjunto de hombres eficientes y capaces en un territorio reducido produce, en efecto, resultados económicos muy superiores a los que produce la de un conjunto inmensamente más numeroso que dispone de un territorio más extenso, pero que carece de capacitación, de medios o de disposición o voluntad para el trabajo productivo con una visión de nación integracionista.

Vicedecano. Facultad de Derecho. UNAN-León.

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