León Núñez
Una frase muy escuchada en las altas esferas gubernamentales es la de “yo no soy político; yo soy técnico”. Esta frase, que es la manifestación verbal más elocuente del figureo técnico, debe interpretarse en el sentido de que cuando los técnicos hablan de que no son políticos están hablando de que no militan en ningún partido político.
Pero es necesario precisar que el hecho de que los técnicos no tengan militancia partidaria no significa que sean ajenos a la feroz lucha política que protagonizan los que siempre quieren vivir dentro del Presupuesto General de la República. Yo creo que en esa lucha política los técnicos llevan ventaja sobre los políticos. Yo conozco técnicos que fueron importantes funcionarios públicos de los gobiernos de don Daniel, de doña Violeta y de don Arnoldo, y que lo son actualmente del Gobierno de don Enrique. Esta hazaña técnica sería muy difícil que la realizara un político a no ser que se convirtiera en técnico.
Muy vinculado al figureo técnico está el fenómeno del figureo diplomático. Don Salvador Stadthagen, declaró a La PRENSA que él no era político; que él era diplomático, y fiel a don Enrique. Lo interesante de la declaración del señor Stadthagen es que nos revela la calidad “tecnológica” de su fidelidad política, que en el fondo es una lealtad técnica, todo lo cual nos conduce al conocimiento de que tanto el figureo diplomático como el figureo técnico tienen la misma naturaleza política.
No hay duda que el cumplimiento de las normas técnicas de fidelidad proporciona a los técnicos, sean o no diplomáticos, las habilidades necesarias para continuar ejerciendo destacados cargos políticos aunque cambie el Gobierno al que técnicamente están sirviendo.
Entonces el éxito consiste en aplicar bien las normas técnicas de fidelidad en presencia o a oídas del gobernante de turno. A los gobernantes les encanta escuchar de sus “súbditos” confesiones de fidelidad. Se trata, por consiguiente, de poner en práctica la teoría de la fidelidad sucesiva, tal como la podemos observar en los casos de los técnicos que primero fueron fieles a doña Violeta y a Toño Lacayo, después fueron fieles a don Arnoldo, y ahora son fieles a don Enrique, y que si por una “ironía de la historia” el doctor Alemán llegara de nuevo a ocupar la Presidencia de la República, esos técnicos —estoy seguro— volverían con mayor entusiasmo técnico a servir con fidelidad a don Arnoldo. ¿Estoy equivocado, señor lector?
Siempre he sentido curiosidad psicológica por el comportamiento del técnico, del alto técnico, que ocupa dentro de un Gobierno una poderosa posición política. Aparte de su capacidad técnica para simular y disimular; aparte de su porte de genio distraído, de su aire de “depositario de la sabiduría” y de su generosidad en dejar hablar a los demás, que aunque no los escucha tiene la cortesía de aparentar que lo hace —poses que forman parte del figureo técnico—, su conducta está orientada por un desarrolladísimo olfato político y por un oído tan aguzado que tengo la impresión de que esos técnicos son también expertos en otorrinolaringología política.
Ahora bien, para no poner en peligro sus posiciones en el Gobierno los técnicos suelen vivir olfateando el momento cuando deben bajar su perfil político y también el momento cuando deben subir su perfil técnico, y si se retiran del Gobierno más o menos un año antes de que concluya su ejercicio, lo hacen con mucha discreción para enchufarse inmediatamente —no como políticos sino como técnicos— en la campaña electoral del candidato que según su olfato va a ser el ganador. Cuando yo escucho a unas personas decir que alguien tiene la destreza de caer siempre parado, me pongo a pensar que probablemente no se trate de algún político sino de un técnico.
Íntimamente relacionado con el figureo técnico está el tema de las consultorías. Ésta es otra de las ventajas que tienen los técnicos sobre los políticos. Cuando un técnico no es llamado a formar parte del Gobierno, tiene el recurso de las consultorías. Los políticos, en cambio, no tienen generalmente acceso a ellas.
Luis Durán es el prototipo del técnico, del consultor feliz. Por sacar a Nicaragua de la pobreza ganó durante los cinco años del Gobierno de Alemán veintitrés mil dólares mensuales, más vehículos, gasolina, choferes… y como se trataba de un técnico que también era un consumado estratega del desarrollo, se le remuneraba por sus labores estratégicas con alguna que otra consultoría anual de trescientos a cuatrocientos mil dólares. Actualmente don Luis está en Asunción, sacando de la pobreza al Paraguay.
Quiero aclarar que no estoy en contra de todas las consultorías. Estoy en contra de las consultorías pagadas por este pobre pueblo, mas no estoy en contra de las consultorías que pague el FMI, el PNUD, el BID o el Banco Mundial. Estas últimas consultorías deben ser siempre bienvenidas.
Son evidentes las ventajas que tienen los técnicos sobre los políticos. Yo ahora aconsejo a mis hijos que se alejen de los partidos políticos, y que cuando alguien les pregunte a cuál partido pertenecen contesten con optimismo y fe en el futuro: “Yo no soy político, yo soy técnico, y fiel a don Enrique”.
El autor es jurista y escritor.