Recetan la medicina, pero…

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Recetan la medicina, pero…





Una delegación de alto nivel del FMI, encabezada por su director para el Hemisferio Occidental, señor Anoop Sing, vino a Nicaragua para evaluar el cumplimiento de los compromisos adquiridos por el gobierno del país a fin de poder alcanzar el llamado punto de culminación para el ingreso a la HIPC.

El cumplimiento de los compromisos con el FMI le permitirían a Nicaragua ser clasificado como un País Pobre Altamente Endeudado (HIPC, por las siglas en inglés), y de esa manera tener derecho —entre otros beneficios de la comunidad internacional— a la condonación de casi toda la deuda externa.

Los compromisos de Nicaragua con el FMI consisten, básicamente, en mantener la estabilidad macroeconómica, aprobar algunas leyes destinadas a reforzar la institucionalidad del país y a mantenerlo bajo un régimen de disciplina fiscal, culminar el proceso de privatización de los servicios públicos, —en este caso, específicamente la telefonía—, y aprobar un Presupuesto General de la República ajustado a las posibilidades económicas del país.

La verdad es que tales medidas no deberían ser obligadas por el FMI, ni por nadie. Deberían ser dictadas por voluntad propia, ya que se trata de indispensables políticas de prudencia gubernamental, pues nadie puede vivir indefinidamente gastando más de lo que produce y dependiendo de préstamos y ayudas de los demás.

Sin embargo los países atrasados, como Nicaragua, son ingobernables no sólo por los frecuentes alborotos políticos y sociales que mantienen a la nación en zozobra e impiden a la ciudadanía trabajar normalmente, sino también por la incapacidad de los gobernantes de administrar racionalmente los recursos del país, y de hacerlo vivir y crecer de acuerdo con sus propios recursos materiales y el esfuerzo laboral de sus habitantes.

De manera que el país tiene que depender de la ayuda extranjera para poder cubrir la brecha que hay entre su poca producción y los gastos estatales desmesurados, y no le queda más remedio que someterse a las condiciones de los organismos creados por la comunidad internacional para planear y otorgar la cooperación externa y vigilar su uso.

Por otro lado, esta semana se publicó en algunos medios de la prensa internacional la información acerca de cómo la alta burocracia del FMI aumenta sus remuneraciones salariales y sus gastos administrativos.

Según dichas informaciones, el FMI está incrementando en un 27 por ciento su gasto en salarios, entre 2001 y el próximo 2004. Los sueldos de la alta burocracia fondo monetarista aumentaron este año en cuatro por ciento, y se incrementarán en igual monto el año siguiente. El sueldo del director gerente del FMI, Horst Köhler, fue en 2001 a 2002 de 327,880 dólares, más 58,860 dólares para gastos de representación. Y del 2002 al 2003, Köhler subió su sueldo a 336,080 dólares, y sus gastos de representación a 60,140 dólares.

Por su parte, la segunda al mando en el FMI, Anne Krueger, aumentó su sueldo de 279,596 a 290,780 dólares anuales. Y las remuneraciones de la planilla total del FMI, que es de unos 2,700 empleados, ascenderán este año a 565.8 millones de dólares.

Las informaciones mencionadas recuerdan que el anterior director gerente del FMI, Michel Camdessus, dijo en una ocasión que el personal de ese organismo “es la mejor burocracia del mundo”. Con esa alabanza pretendía justificar los elevados costos de operación del FMI, que pasaron de 687 millones en el año 2000 a 719.9 millones de dólares en el 2002, y subirán a 785.5 millones de dólares en su actual año presupuestario.

Así funcionan los organismos encargados de otorgar y supervisar la cooperación internacional, la que supuestamente es para sacar a los pueblos de la pobreza, pero éstos a pesar de la ayuda siguen siendo pobres y viven en una permanente postración.

En realidad, más de una tercera parte —y en algunos casos más de la mitad— de los recursos de la cooperación externa retornan al país cooperante en forma de pago de estudios, proyectos, consultorías y adquisición de equipos. Al amparo de la cooperación se ha creado una frondosa y opulenta burocracia internacional, mientras países como Nicaragua, que ha recibido más de 20 mil millones de dólares en los últimos 25 años, sigue igual de pobre, atrasado y dependiente.

Editorial
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