Derrek Lee, Jeff Conine, Iván Rodríguez y el resto de jugadores de los Marlins, tratarán de coronarse esta noche en Nueva York. (LA PRENSA/AP)

Tras la hazaña

Edgard Tijerino M. [email protected] Llenos de fatiga, con su arrogancia carcomida, los Yanquis de Nueva York se sienten frente a las puertas del infierno con el temible Josh Beckett esperándolos en el sexto juego de una Serie Mundial tan remotamente imaginable, como el desvanecimiento de la corrupción en las altas esferas políticas de este desventurado […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

Llenos de fatiga, con su arrogancia carcomida, los Yanquis de Nueva York se sienten frente a las puertas del infierno con el temible Josh Beckett esperándolos en el sexto juego de una Serie Mundial tan remotamente imaginable, como el desvanecimiento de la corrupción en las altas esferas políticas de este desventurado país.

Antes de cantarse el Play Ball del 2003, no veo quién, en la redondez del planeta, por muy profano en béisbol que pudiera ser calificado, se habría atrevido a insinuar siquiera, como una broma sin pies ni cabeza, que los Marlins de la Florida avanzarían a los postemporada, continuarían a la Serie Mundial, y colocarían manos arriba a los todopoderosos Yanquis.

Pero, eso es lo que está ocurriendo señores.

Los pájaros tirándole a las escopetas.

Después de haber visto, cómo insólitamente, Joe Torre quitó su cabeza del lugar correcto y la colocó en la montaña rusa de las distorsiones, sentando a Jason Giambi y Alfonso Soriano en el quinto juego, Beckett, quien los sujetó en sólo una carrera durante 7 entradas en el juego 3 que ganó Mike Mussina, parece un obstáculo tan difícil de superar, como Walter Johnson, Christy Mathewson o Bob Gibson.

Una vez más, el ganador de 21 juegos Andy Pettitte, un zurdo de crecimiento bajo presión, intentará sacar a los Yanquis del pozo de las serpientes. Si lo logra, empujará el Clásico hacia un séptimo y decisivo juego, y no contra Pedro Martínez, sino Mussina cruzando disparos con Carl Pavano.

¡Los Marlins campeones!

Tan sorprendente como la barrida de los Orioles a los Dodgers de Koufax y Drysdale en 1966. O la victoria en 5 juegos de los Mets de 1969 sobre los Orioles de Palmer, Cuéllar, McNally, Frank y Brooks Robinson, Paul Blair, Boog Powell y Dave Johnson.

El béisbol es el más enloquecedor de los deportes. De eso todos estamos claros.

En el Mundial de Cuba, Rusia le gana a Taipei, que luego eliminó a Estados Unidos, en tanto Brasil casi decapita a Cuba.

Nadie creía que los Marlins reaccionarían para meterse la pelea en el Este de la Liga Nacional cuando Jack McKeon llegó con la Lámpara de Aladino. Verlos obtener su boleto por el Wild Card, fue tan inesperado, como ver algún día a Silvestre Stallone en la Casa Blanca.

Pero hicieron más que todo eso. Movieron el Himalaya de su lugar.

Derrotaron a los Gigantes de Felipe Alou contra viento y marea, y de inmediato, se burlaron de Sammy Sosa, de Kerry Wood y de Mark Prior, liquidando a los Cachorros.

Okey, estaba bueno ya. Ahora, frente a los Yanquis, vencedores de Boston en la mejor de todas las series, no podrían hacer nada, excepto con Beckett.

Pero aquí están, con la sartén por el mango, contra unos Yanquis envueltos en pánico, necesitados desesperadamente de una victoria, gimiendo, casi arrodillados, saliendo a la calle a buscar aire.

Sencilla y aplastantemente increíble.

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