Jimmy González, uno de los más cuestionados. (LA PRENSA/G. Miranda/Enviado especial)

¿A quién culpar?

En medio de tanto alboroto Edgard Tijerino M. [email protected] El campamento del equipo pinolero en el Hotel Riviera, fue algo así como “un llano en llamas”… Detrás de un problema, venía otro, y mayor. Día tras día, o mejor dicho, noche tras noche. Y al despertar, como dice Juan Rulfo en su magistral obra Pedro […]

  • En medio de tanto alboroto

Edgard Tijerino M. [email protected]

El campamento del equipo pinolero en el Hotel Riviera, fue algo así como “un llano en llamas”… Detrás de un problema, venía otro, y mayor.

Día tras día, o mejor dicho, noche tras noche.

Y al despertar, como dice Juan Rulfo en su magistral obra Pedro Páramo, todo estaba en silencio, excepto el caer de las polillas y el rumor del silencio mismo. Como si el caos no hubiera existido, o no hubiera pasado nada.

Carlos García, Noel Areas, los peloteros, los técnicos, los periodistas, nunca olvidarán este viaje a La Habana.

Fue como el Napoleón a Moscú, o el de Janet Leight al Motel Bates en Psicosis. Terriblemente frustrante en lo referente a la disciplina masticada, convertida en escombros mal olientes.

¡Qué pena!, o quizás, lo más adecuado es ¡Qué desgracia!

Como periodistas, estuvimos recibiendo versiones de diferentes sectores, porque ninguno de nosotros se hospedó por prudencia económica, en El Riviera, y consecuentemente no fuimos testigos oculares.

Ayer, en el avión que me traía de regreso a casa, conversando con un pelotero, me relataba el último lío la noche del jueves. Un serio problema en que se vio involucrado Edgard López en el hotel, y en el cual, se habla de una agresión, cuya secuela como conflicto quedó en el aire.

Y yo que ingenuamente, pensé que ya no podía ocurrir algo peor.

¿Qué era lo que descubríamos en una racha escalofriante?

Jugadores excedidos cargándose a golpes, otros exhibiendo su irresponsabilidad en alardes de vulgaridad, inutilidad de los dirigentes por imponer el orden, peloteros acusados de espionaje para algunos técnicos, cierre de filas con amenaza de no presentarse ante Cuba si se aplicaba sanción a sólo un pelotero, marcada desconfianza entre varios, indiferencia frente a los problemas de algunos técnicos por considerar que las cabezas más visibles del grupo, Carlos y Noel, no apretaban las tuercas, y finalmente, una espantosa impresión dejada en el hotel, como si hubieran pasado las tropas de Atila.

Tomen estas expresiones: “Esta es la peor indisciplina que he presenciado en mi vida como manager”, Noel Areas; “La situación está difícil pero vamos a controlarla”, Carlos García; “Los del escándalo fueron otros. Yo no me voy solo”, Jimmy González; “Necesitamos nombrar un jefe disciplinario que no tenga compromisos con ningún equipo. Sólo así será funcional”, Julio Sánchez; “Hay quienes beben mucho, se desbordan y surgen los problemas”, Julio Vallejos.

En medio de todo este alboroto, la pregunta es ¿A quién culpar?

Alguien tiene que responder.

Debe exigirse una explicación amplia y con todos los detalles. La Selección le cuesta a todos.

No se puede seguir al garete.

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