Baluarte de la libertad

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Baluarte de la libertad





La semana pasada, durante su 59na. Asamblea, que fue celebrada en Chicago, Estados Unidos, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) otorgó a la prensa escrita, radial y televisiva de Venezuela, el Gran Premio SIP a la Libertad de Prensa, “por no amedrentarse frente al ataque y el acoso” del Gobierno del presidente venezolano, coronel Hugo Chávez.

La SIP también concedió ese galardón, en el grado de Distinción Especial, a los 33 periodistas de Cuba que están presos después que fueron condenados, en abril pasado, a un total de 540 años de prisión, por la tiranía comunista de Fidel Castro. El reconocimiento de la SIP fue extensivo “a todos los periodistas independientes que permanecen en la isla informando en condiciones de peligro”.

La SIP agrupa a prácticamente todos los principales periódicos del Norte, Centro y Sur de América, incluyendo, por supuesto, a LA PRENSA, de Nicaragua. Y en los eventos que celebra regularmente no sólo se ocupa de asuntos técnicos del diarismo sino que sobre todo vela por el respeto a la libertad de prensa.

En la actualidad, la peor situación para los periodistas independientes es la de Cuba, “el mayor Gulag del periodismo en el mundo”, según dijo Humberto Castelló, director de El Nuevo Herald, de Miami, al presentar el informe sobre ese país comunista ante la asamblea de la SIP.

Pero también es dramática la situación de los medios y periodistas independientes de Venezuela, donde el régimen dictatorial de Hugo Chávez los somete a sistemáticos ataques y ahora quiere imponer una Ley de Contenidos, con el propósito de ejercer un control gubernamental “legalizado” sobre las informaciones y opiniones que se viertan en la televisión y la radio. Después seguiría —de manera inevitable, porque Chávez siente una fobia patológica contra la prensa libre—, el control de los medios impresos y con ello el fin definitivo de la libertad de prensa, o sea de todas las libertades humanas, en la patria de El Libertador Simón Bolívar.

Pero la lucha de los periodistas y de la gran parte de la nación venezolana que ama y defiende la libertad, y que se resiste a aceptar la dictadura chavista, ha sido y es recia y heroica. Inclusive, después de una épica y prolongada huelga general nacional las fuerzas democráticas obligaron al régimen de Chávez —que se apoya en la acción agresiva de turbas reclutadas en los fondos más bajos de la sociedad venezolana—, a aceptar de mala gana la celebración de un referendo para decidir la revocatoria o la continuación de su mandato presidencial.

Por cierto que en la asamblea de la SIP celebrada en Chicago, los representantes de la prensa democrática y libre de Venezuela denunciaron, por boca de Miguel Otero, director del Diario El Nacional, de Caracas, las múltiples y arteras maniobras legales y de hecho que está fraguando y ejecutando el régimen de Chávez para sabotear el referendo, en primer lugar contra la recogida de aproximadamente 2.4 millones de firmas que equivalen al 20 por ciento del electorado, que de acuerdo con la Constitución se deben colectar en un solo día para respaldar la demanda del referendo y para que éste pueda ser aceptado por las autoridades electorales, las que obviamente obedecen en términos generales a la voluntad política de Chávez.

De manera que en la asamblea de la SIP se planteó la necesidad de que una comisión de ésta, que es un baluarte de la libertad, y periodistas independientes de las tres Américas, vayan a Venezuela a observar el proceso de la recogida de firmas, que debe tener lugar en los últimos días del corriente mes de octubre, o a principios del próximo noviembre, lo que podría servir para disuadir al régimen chavista de sus intenciones agresivas y fraudulentas.

Los periodistas independientes y el pueblo democrático de Venezuela tienen el apoyo de la prensa libre y de todas las personas demócratas de América. Y nosotros, que sufrimos bajo las dictaduras somocista y sandinista las represiones que los hermanos venezolanos sufren ahora bajo el régimen chavista, y que pagamos una ingente cuota de sacrificios por conquistar la libertad de prensa que no estamos dispuestos a perder de nuevo, tenemos que ser particularmente solidarios con ellos.

Editorial
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