Con tacto puede lograr cambios positivos en su pareja.
La comunicación afectiva y sexual puede incrementar su armonía y su compenetración si sus protagonistas saben o se informan sobre cuáles deben ser los criterios adecuados para generar el cambio necesario que estrecharía más sus niveles de amor y de convivencia.
Saber cómo decir lo que no nos gusta del otro, saber cómo criticar el comportamiento sexual de forma que no produzca incomodidad, rechazo o inseguridad es el primer paso para una estable compenetración sexual y afectiva.
Criticar consiste aquí, no en gritar desaforadamente y con malos modos y palabras lo que el otro ha hecho mal, sino en dar criterios para cambiar, en informar al otro miembro de la pareja clara, precisa y simplemente de la conducta concreta que queremos que cambie.
El contexto donde se lleve a cabo esta crítica (en un restaurante, en el cuarto de baño, delante de los hijos o en una cena de amigos, en la cama o cuando se está cocinando), el tono de voz (cercano, distante, tierno o irónico, reprobable, suplicante o neutral), la forma en la que se realice la comunicación (imperativamente, condicionalmente, generalizando o marcando exactamente lo que no nos gusta con o sin hacer juicios de valor), el gesto facial (enfadado, sonriente, despectivo, mirando al infinito o directamente a los ojos del otro) y el nivel de intrusividad y/o generalización que se dé a las aserciones sobre la conducta del otro, determinan su efecto.
Según cómo se combinen dichos elementos, se producirá una crítica hiriente y destructiva que generará venganzas y defensas en el otro o, por el contrario, una crítica afectiva que provocará un cambio hacia un mayor placer, pasión y ternura.
¿Cómo mejorar la comunicación? ¿Cómo saber dónde y cómo es la mejor forma de transmitir los sentimientos y emociones positivas o negativas en una pareja? Liberman y sus colaboradores establecieron los siguientes pasos, que observaron que fueron eficaces en la mejora de la comunicación en cientos de parejas:
1 Elegir el sitio adecuado para llevar a cabo la comunicación. Por ejemplo, no es conveniente discutir las cosas en la cama, delante de amigos o de los propios hijos.
2 Mirar atentamente a los ojos de la otra persona y dedicar toda nuestra atención a lo que estamos diciendo y las reacciones que nuestra crítica provoca en la otra persona. No es adecuado estar haciendo al tiempo otra actividad. Cuando se habla, cuando se quiere comunicar, se debe dedicar toda la atención y esfuerzo a dicho objetivo.
3 Empezar siempre con un comentario positivo sobre el otro.
4 Decir exactamente qué es lo que no nos gusta del otro. Lo que no nos gusta tiene que ser “algo concreto”. Es ineficaz el decir: “no me gusta cómo me haces el amor”, es demasiado general; lo adecuado sería decir: “no me gusta cuando me tocas los músculos de esta forma”.
5 Decir exactamente cómo nos gustaría que lo hiciese y mostrárselo con un ejemplo.
6 Expresar, pues, con claridad lo que el otro hace, en las circunstancias que lo hace y los sentimientos que a usted le provoca, sin hacer al tiempo juicios de valor ni acusaciones.
7 Asegurarse de que el otro ha entendido lo que le queríamos decir.
8 No saltar de un tema a otro. Siempre se tiene que intentar modificar una conducta, no varias al tiempo.
9 El tono de voz tiene que ser positivo o, al menos, neutro.
10 Es importante terminar este tipo de comunicación con soluciones concretas y el modo particular de llevarlas a cabo. Una vez encontradas las soluciones, acordar quién ha de hacer qué.
Aunque todos estos pasos pueden parecer en principio un tanto artificiales, se ha comprobado que con el tiempo se llegan a convertir en hábitos y se automatizan de manera espontánea.
*Artículo publicado en la Enciclopedia de la Sexualidad, de Editorial Espasa.