María Enriqueta Ortega Morales crió a su nieta Jessenia, hasta que Leoncia se la llevó a trabajar a los cafetales de Jinotega, cuando la niña tendría unos 11 años. (LA PRENSA/LARIOS)

Madre daba por muerta a Jessenia

Cuando vio la foto se quedó muda y después lloró Ary Neil Pantoja [email protected] Una trocha angosta y escarpada conduce hasta una vivienda pequeña y muy pobre, cuyas paredes de adobe están cayendo por pedazos, a consecuencia de la lluvia. Allí vive Leoncia Angulo, con siete hijos y su madre. Después de caminar durante 20 […]

  • Cuando vio la foto se quedó muda y después lloró

Ary Neil Pantoja [email protected]

Una trocha angosta y escarpada conduce hasta una vivienda pequeña y muy pobre, cuyas paredes de adobe están cayendo por pedazos, a consecuencia de la lluvia. Allí vive Leoncia Angulo, con siete hijos y su madre.

Después de caminar durante 20 minutos colina arriba, topamos con la casita, pero Leoncia no se encontraba. Sus niñas más pequeñas se asomaron por una rendija e informaron que su madre estaba trabajando en la hacienda Los Espinales y que no regresaría sino hasta en la tarde.

Abrieron la puerta y les mostramos dos fotografías de Jessenia Ordóñez. Las pequeñas, de tez blanca y ojos azules, no reconocieron a la joven.

Continuamos hasta a la finca y allí una joven empleada confirmó que Leoncia y su madre, María Enriqueta, estaban tapiscando maíz, detrás de la pila donde bebe agua el ganado.

A lo lejos divisamos a las dos personas en plena faena. Al acercarnos, la mujer que se identificó como Leoncia se puso de pie y preguntó qué ocurría. Le preguntamos si ella tenía una hija llamada Jessenia y qué había pasado con ella. Leoncia respondió que sí, que un hombre se la había robado hace más de tres años en una hacienda en Jinotega.

Le mostramos la foto y Leoncia se quedó muda. ¿Es ella su hija?, le preguntamos. La mujer no pudo hablar, sólo indicó que sí moviendo la cabeza. Segundos después soltó el llanto.

Perdió a su hija en la hacienda Santa Marta, en Jinotega, a donde fueron a trabajar en los cortes de café y encontraron a un hombre, que identifica como Bismark Lira, quien en varias ocasiones le pidió a Leoncia que le regalara a la niña, que entonces tenía entre 11 y 12 años.

Ella dice que siempre se negó a darle a la niña. Conocía poco a Lira, sólo que “era del lado de Matiguas”. Una tarde, mientras Leoncia cocinaba para los mozos en la hacienda, Lira se llevó a su hija.

DE HACIENDA EN HACIENDA

Puso la denuncia en la Policía de Santa Marta, pero nunca más supo de Jessenia. Otros peones le dijeron que Lira se la había llevado hacia Matiguás, trabajando de hacienda en hacienda, pero no la buscó “por falta de dinero” y por el poco apoyo que recibió de la policía. “Yo a mi hija ya la hacía muerta”, exclamó entre lágrimas.

“Amigos de él (Bismark Lira) siempre me decían que (mi hija) estaba en Matiguás. Después me di cuenta que se la llevó de hacienda en hacienda trabajando; se la llevó a Matiguás donde se enfermó y hasta me le pegó. Un hermano de él (de Lira) la agarró, pero después no supe nada más”, cuenta Leoncia.

Jessenia es la segunda de ocho hermanos y según Leoncia puede tener 17 años, aunque los vecinos de la comarca El Terrero, que aún la recuerdan, dicen que a lo sumo tiene 16 años. El problema es que la niña carece de una partida de nacimiento y le calculan la edad en base a recuerdos.

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