Moisés Martínez [email protected]
Mostrando a LAPRENSA decenas de copias de cartas, telegramas y correos electrónicos sobre quejas de la población por la instalación de una antena de telefonía celular cerca de sus propiedades, el diputado Gustavo Porras, presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Nacional, considera firmemente que una ley que regule la ubicación de las antenas de telefonía celular pondría fin al desorden que, a su juicio, se dio en la colocación de estas infraestructuras.
No obstante, un alto funcionario ligado al sector de las telecomunicaciones, comentó que detrás de la creación de esta normativa, para instalar antenas de telefonía celular, está la inconformidad de un diputado, quien, molesto porque le colocaron una antena al lado de su casa, le pidió el “volado” a Porras de trabajar en una regulación que presionara a las compañías de telefonía celular.
“Si este es un problema de ricos y pobres. Aquí no se está creando esto porque alguien sea mi brother o porque me conozca, sino porque a la gente no le gusta levantarse en la mañana y donde antes había un paisaje bonito, hallen una gran torre de metal que le pueda caer encima”, contestó el diputado a ese rumor.
“No sé por qué las empresas se quejan ahora. Eso lo hubieran pensado antes de venir a poner antenas a lo loco y en algunos casos sin tener todos los permisos necesarios”, agregó el diputado.
Explicó que será la Comisión de Infraestructura de la Asamblea Nacional la que dictaminará finalmente el anteproyecto de ley para su posterior discusión en el plenario.
“Este anteproyecto se basó en diferentes entrevistas con la población afectada y organismos involucrados como Marena, Minsa, Telcor, el MTI, algunas alcaldías y el doctor Fabio Morales, quien es el único doctor en física del país”, dijo Porras.
El parlamentario mencionó que en esta nueva etapa de discusión del anteproyecto, se invitará a las empresas operadoras de telefonía celular, algo que no se dio durante su elaboración inicial.
“Si aquí no es cosa de que las principales afectadas sean las empresas, porque se les está afectando la inversión en el país. La principal afectada es la población. Lo que pasa es que creen que todavía andamos en taparrabos y pueden venir a hacer lo que quieran, para después meternos la idea de que una antena de celular en medio del pueblo es bella, porque es signo de progreso”, exclamó Porras.
Porras reconoció que los informes de la OMS indican que la radiación de telefonía celular no es causa de cáncer, pero insistió en que sí causa afectaciones a la salud.
“Además, sólo por el hecho de que a vos como poblador te moleste ver la antena, te perturba psicológicamente y no te deja dormir tranquilo, hayan o no hayan afectaciones a la salud, es suficiente criterio para que ésta sea debidamente colocada”, enfatizó el parlamentario.
PUNTO DELICADO
Una de las preocupaciones más serias que tienen los operadores de celular, es el punto 11 de la normativa propuesta, la que establece que aquellas antenas que estén operando dentro de áreas poblacionales e incumplan las disposiciones estipuladas en esta nueva normativa, tendrán que ser reubicadas en un plazo no mayor a 180 días al entrar en vigencia la nueva ley.
La preocupación se basa en el alto costo económico que implicaría la reubicación de las antenas, ya que tomando en cuenta el patrón técnico que deben seguir para lograr una cobertura de calidad, la remoción de una estructura significaría también la de otras.
LA DUDA
Según el diario español El Correo de Bilbao, en su edición del 12 de mayo pasado, la relación entre la telefonía celular y el cáncer comenzó el 23 de enero de 1993 cuando el periodista estadounidense Larry King, en su programa de la cadena noticiosa CNN, entrevistó a un hombre que aseguraba que su esposa había muerto de un tumor cerebral, provocado por las radiaciones de su teléfono móvil. No presentó pruebas, pero dejó sembrada la duda.