¿Cuenta Nicaragua con una estrategia exportadora?

Leonardo Centeno [email protected] Ningún viento es favorablepara el que no sabe a dónde va.Séneca No creo que exista en los anales de la historia económica mundial de los últimos 40 años, la experiencia de un país que haya salido del subdesarrollo sin que, a su vez, éste haya contado con un gobierno que aplicara una […]

Leonardo Centeno [email protected]

Ningún viento es favorable
para el que no sabe a dónde va.

Séneca

No creo que exista en los anales de la historia económica mundial de los últimos 40 años, la experiencia de un país que haya salido del subdesarrollo sin que, a su vez, éste haya contado con un gobierno que aplicara una estrategia exportadora clara, con una plataforma competitiva de servicios de calidad, con puntualidad y de bajo costo.

Hasta los años setenta con el Mercado Común Centroamericano no era difícil de imaginarse el “esquema” bajo el cual jugaban las naciones de la región; la estrategia implementada calzaba perfectamente dentro de los límites claramente definidos por un mercado regional. De igual manera, en los ochenta el rol de Nicaragua en el comercio internacional se ajustó al bloqueo estadounidense y al puente aliado que le brindó la antigua Unión Soviética y países satélites. En ambos esquemas, el fomento interno y el “avance” en materia de comercio internacional, caminaron a igual velocidad, o sea la producción estaba asegurada, sea cual fuere su mercado, nacional o internacional.

Se entró en los años noventa con la promesa de desarrollar un enfoque exportador que le permitiera a Nicaragua combatir la pobreza por medio del fomento a la empresa, con el resultado de crear empleos estables; sin embargo, trece años después nos encontramos en un permanente estado de “transición”, donde la norma ha sido planes gubernamentales de emergencia de corto plazo los que en su mayoría no se articulan con una visón estratégica de largo plazo. A la fecha no hemos podido contar con una estrategia integral y articulada de fomento, en consonancia con las acciones de comercio internacional que se han desarrollado.

Toda estrategia de desarrollo debe mantener un celoso balance entre la estrategia de comercio internacional y la del fomento interno sin olvidar el fortalecer el clima de negocios local, de lo contrario seremos una permanente presa del desfase que generan las apresuradas negociaciones de los TLC, con relación al fomento interno; la lógica nos indica que la plataforma de comercio internacional debe descansar en la de fomento interno. Cualquier desfase entre las dos, lo pagarán muy caro nuestros productores, más nadie.

¿Será que como país estamos confundiendo la cordialidad con que se llevan las pláticas entre los negociadores gubernamentales cuando se hacen los acuerdos comerciales con el “momento de la verdad”, que es cuando se dé el banderazo de salida, y las plataformas comerciales de cada país (trampolines exportadores) entren a lanzar productos al otro “lado” (mercado meta)? Ésta será una competencia a nivel “macro”, de plataformas nacionales versus otras similares, de “tercia” de estructuras, y no tanto de empresitas sueltas, o medio organizadas; al final de cuentas, lo que hará la diferencia será la fuerza del resorte o “estructuras gubernamentales de apoyo a las empresas”, alrededor de las cuales se circunscriben las empresas locales. Todo lo demás es secundario.

¿En qué trampolín o infraestructura piensan nuestros negociadores cuando arman los tratados, si a la fecha tenemos que pedir prestados los puertos de Costa Rica y Honduras para poder exportar? Según datos que aparecen en la página Web de la Cámara de Industrias de Nicaragua, producir en Nicaragua es dos veces más caro, tomando como referencia El Salvador, el país más competitivo de la región.

Las negociaciones con el Cafta han venido a revelar algo, y es que desde nuestro re-enchufe con el mercado mundial, con un “enfoque de mercado” a inicios de los años noventa, no hemos contado con una estrategia de comercio internacional clara y coherente; es por eso que dichas negociaciones se han convertido en la “estrategia nacional” de comercio internacional, ocupando prácticamente la agenda de trabajo del Mific.

Mientras esta situación no se corrija, seguiremos haciendo acciones desesperada sin rumbo claro, como la de dejar morir de “hambre” al Centro de Exportaciones e Inversiones (CEI) con la excusa de que no había recursos, mientras a otra similar que se maneja desde la presidencia se le daban todos los recursos necesarios para operar. Esto nunca hubiese ocurrido si contásemos con nortes claros.

No contar con rumbo claro sería perpetuar nuestros errores del pasado y seguir haciendo acciones de corto plazo como paliativos que justifiquen alguna actividad. Seguiremos perpetuando inconsistencias como las antes mencionadas.

Con urgencia hay que contar con una estrategia exportadora que contenga: a) un marco de políticas dentro de las cuales se moverá dicha estrategia; b) instrumentos de intervención, ya sean instituciones sólidas con mandatos claros, o proyectos de corto y mediano plazo con objetivos definidos, ambos con acciones específicas y complementarias; c) infraestructura exportadora “aceitada”, lista para enviar nuestros productos a los mercados internacionales a un bajo costo y de la forma más rápida posible; d) grupos meta definidos, y e) los recursos necesarios para financiar todas las actividades anteriores.

El Cafta es sólo una herramienta del desarrollo, que si no tiene una estrategia hacia donde dirigir lo “acordado” (negociado), en vez de ayudarnos a establecer los fundamentos del desarrollo, la usarán nuestros competidores para cavar nuestra propia fosa.

El autor es ex director ejecutivo del Inpyme.

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