- Cada año se forman 30 mil nuevos hogares, pero se construyen sólo 4 mil nuevas viviendas
- Ilegalidad de la tierra, altos intereses y bajos ingresos, entre factores que agravan la situación
Moisés Martínez [email protected]
Una casa propia es el sueño de toda persona. Y en Nicaragua, para la mayoría de jóvenes parejas que aspiran a tener un hogar en el cual formar su propia familia, ese sueño está reservado para unos pocos afortunados.
Hoy que se celebra el Día Mundial de la Vivienda, la situación habitacional del país es grave, cuando de las 600 mil viviendas en Nicaragua, 420 mil necesitan ser reparadas o reemplazadas debido a su grado de deterioro.
Según el director ejecutivo de la organización Hábitat para la Humanidad de Nicaragua, Pablo Gómez Lazo, el sueño nicaragüense de la vivienda crece a un ritmo de 30 mil parejas por año, que se unen para formar sus propios hogares.
“De estas 30 mil parejas, más de la mitad se van a vivir con sus suegros u otros familiares, lo que fomenta el hacinamiento, que según las Naciones Unidas es cuando dos o más personas viven en el mismo cuarto”, comentó Gómez Lazo.
Anualmente se construyen cuatro mil viviendas entre los ONG y las urbanizaciones privadas según datos de Hábitat.
De acuerdo a Gómez Lazo, estudios de las Naciones Unidas indican que 74 por ciento de la población nicaragüense vive en hacinamiento.
“Cuando la población tiene bajos ingresos, no puede darle mantenimiento a sus viviendas y éstas se convierten prácticamente inhabitables”.
ILEGALIDAD DE LA TIERRA NO AYUDA
A juicio de Gómez Lazo, aparte de la crisis económica, la otra causa de la falta de viviendas en el país es el desorden legal que existe con la tierra.
“Todos queremos que nuestra casa esté en un terreno legal y el 50 por ciento de las tierras del país no están legales. Mucha de la gente que tiene títulos de propiedad fueron obtenidos por diversas fuentes como Reforma Agraria, la Oficina de Ordenamiento Territorial (OOT) o los mismos títulos supletorios que dan los políticos”, apuntó Gómez Lazo.
“Además, la legalización de los terrenos no se practica mucho debido al alto costo que implica legalizarlos, como el pago de abogados, pagar al Registro de la Propiedad y el pago del Impuesto de Bienes Inmuebles”, añadió.
LA POSIBILIDAD DE UNA CASA
Según el director de Hábitat, el Estado dejó de ser un constructor de viviendas para pasar a ser un regulador de los proyectos habitacionales que se den en ese sentido.
La mayoría de proyectos principalmente están en manos de urbanizaciones privadas y las viviendas de interés social que ofrecen algunos organismos no gubernamentales (ONG).
Existen tres posibilidades para acceder a un crédito para la vivienda: a través de los bancos, por microfinancieras, y los ONG.
“Las tasas de interés de los bancos andan entre el 8.8 por ciento y el 12 por ciento anual y son viviendas que andan costando entre 60 a 150 mil dólares. La mensualidad de 120 a 500 dólares y para poder optar a uno de estos créditos debe tener un ingreso mensual de 1,500 dólares”, explicó.
“En el caso de las microfinancieras, están prestando con tasas de interés iguales al banco, con la diferencia que ellos te prestan hasta 30 mil dólares. Está dirigido personas que no superan los 1,500 dólares al mes, de ingresos”, añadió.
VIVIENDAS DE INTERÉS SOCIAL
Mencionó que la mejor opción para las personas de escasos recursos son los préstamos de los ONG para adquirir una vivienda de interés social, que según las especificaciones internacionales deben tener una medida general de 60 metros cuadrados y un costo de unos diez mil dólares.
“Son préstamos a diez años con cuotas que andan entre los 24 a 80 dólares mensuales y dirigidas a familias con un ingreso que oscile entre 155 a 350 dólares. Los ONG trabajan con tasas subsidiadas de un interés anual de un 3.4 por ciento”, declaró.
“El problema es que estos préstamos son dirigidos a personas de los más bajos estratos sociales, por lo que la clase media tiene que entenderse con las microfinancieras. El punto es que la clase media nicaragüense casi no existe y una gran parte ha pasado a ser pobre”, finalizó Gómez Lazo.
EL PROYECTO GUBERNAMENTAL
El gobierno, a través de un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), de 22.5 millones de dólares impulsa un proyecto de construcción de viviendas nuevas o la restauración de las ya existentes.
El Instituto de la Vivienda Urbana y Rural (Invur) manejará este dinero, el cual será entregado a personas con poca capacidad económica por medio del Fondo Social de la Vivienda (Fosovi), luego que la persona reúna los requisitos necesarios para aplicar al programa.
Los proyectos habitacionales serán ejecutados por alcaldías, ONG, bancos o microfinancieras. Son viviendas de interés social con extensiones entre los 30 a 36 metros cuadrados.
La máximo que podrá dar el Fosovi para la construcción de la vivienda serán 1,500 dólares y para la restauración de una es de 600 dólares.
“Una vivienda de nosotros cuesta 2,600 dólares. Si alguien aplica al bono del Invur, entonces ya tendrá pagada la mitad de la casa”, explicó Pablo Gómez Lazo, director de Hábitat para la Humanidad en Nicaragua.
VIVIENDA DIGNA
Una vivienda es digna cuando se tiene un piso, ya sea embaldosado o piso rojo, agua potable por tubería, energía eléctrica, servicios sanitarios y un bajo nivel de hacinamiento.