Granada entre sombras

Jehú Hernández [email protected] Los centros de diversión también resultan atractivos para las jóvenes que se dedican a vender caricias; aunque su blanco preferido son los extranjeros, no desprecian las propuestas de los nacionales. Quizá un poco obvias, en grupos de tres o cuatro recorren lentamente los locales, como tratando de descifrar en las miradas que […]

Jehú Hernández [email protected]

Los centros de diversión también resultan atractivos para las jóvenes que se dedican a vender caricias; aunque su blanco preferido son los extranjeros, no desprecian las propuestas de los nacionales.

Quizá un poco obvias, en grupos de tres o cuatro recorren lentamente los locales, como tratando de descifrar en las miradas que despiertan con su presencia, a alguien interesado en solicitar sus servicios.

El grupo se aproximó a la mesa donde dos lugareños tomaban cerveza, quizá motivadas por las pícaras sonrisas que intercambiaron con ellas. La que vestía pantalón blanco muy ajustado que evidenciaba una frágil figura, blusa negra con escote pronunciado y zapatos tacón alto del mismo color, hizo una invitación directa: “¿Qué pasó amor, nos vas a invitar a una cervecita?”

El joven extendió tímidamente el brazo en que sostenía un vaso con el líquido solicitado. Ella sonrió, sorbió lentamente al momento que dirigía una mirada provocadora, pero al ver que no obtuvo la respuesta deseada, se levantó, llamó a sus compañeras y se fueron balbuceando palabras entrecortadas.

Ellas buscan a sus clientes en los centros de diversión, pero hay otras que se ubican en las bancas y esquinas del Parque Central, en espera de que un caminante o conductor se acerque en busca de sus servicios.

Aunque de manera general la vestimenta de las trabajadoras del sexo no es tan reveladora, sí lo es la forma en que se dirigen a los hombres que se aproximan, invitándolos a “pasar un buen rato” con ellas.

LOS NIÑOS DE LA CALLE

Los niños indigentes pululan por las principales calles y parques de Granada, pidiendo “un peso” a todo el que se les pasa enfrente. Aunque no son delincuentes, los turistas temen su presencia.

La alcaldía tiene en mente un proyecto que los retirará de las calles, pero de momento estos infantes representan también una imagen negativa para las expectativas de desarrollo turístico previstas para esa ciudad colonial.

Los niños en esta condición no están censados, pero según doña María Palacios, que vende gaseosas en un carretón que ubica los viernes en una de las esquinas del Parque Central, “no son muchos, pero a los turistas les da miedo, porque creen que les van a hacer algo o les van a robar”, refirió.

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