Erasmo Medina
Estoy totalmente de acuerdo con el contenido del artículo de la señora Hortensia Rivas Zeledón, publicado por LA PRENSA recientemente bajo el título: La “alegría” de los años ochenta en Nicaragua.
Todo no fue más que un gran alegrón de burro, como se dice en nuestro léxico popular. Fue un desencanto de aquéllos que un día creímos en el hombre nuevo que se pregonaba, con un nuevo proceder, justo y responsable y sobre todo con un gran amor e identificación genuina con el humilde, con el pueblo manipulado astutamente por la nueva casta que trajo esta seudo revolución que muchos después satirizaban como “robolución”.
Sobre todo después que se terminó este bello sueño y al despertar nos dimos cuenta con tristeza del corolario que marcó el final de esta tragedia con la gran piñata que se recetaron los robolucionarios antes de “entregar” el poder a doña Violeta al perder las elecciones del 90.