- Después de otra operación y dos campañas oscurecidas
Edgard Tijerino M. [email protected]
¿Sonará el teléfono para Marvin Benard? ¿Hay algún equipo por ahí, interesado en contactarlo? ¿Decidirá como Denis, insistir fajándose en una liga independiente buscando como llamar la atención?
No es este un momento tranquilo para el esforzado costeño, que según los diagnósticos previos a su firma con los Gigantes, fue más allá de sus posibilidades reales.
Cuando estás a tres meses de cumplir 34 años, se supone que un guardabosque de Grandes Ligas, es un atleta en plenitud, acariciando su presente y soñando con un consistente futuro inmediato.
Lamentablemente, no es ese el caso de Marvin Benard.
En los dos últimos años, mientras tomaba sólo 194 turnos con apenas un jonrón y 17 empujadas, Benard fue más fácilmente localizable en las listas de las salas de cirugía de los hospitales, que en los box scores.
Si al rótulo de ¡Cuidado, frágil!, le agregamos sus números, Benard difícilmente recibirá un timbrazo de cualquiera de los gerentes generales de los otros 29 equipos de las mayores.
Seamos claros. Marvin, es un riesgo.
Qué pena… Este muchacho nos ofreció un ejemplo de lo que puede conseguirse contrariando los pronósticos, si tienes suficientes agallas, un espíritu de superación a prueba de balas y una determinación como la de Ulises, o Teseo.
Qué agradable y saludable es conversar con él. Siempre con esa inquebrantable fe en sí mismo, dispuesto a todo tipo de sacrificios, nada de lamentos y tampoco quijotesco, simplemente un optimista, un cazador de oportunidades.
Pero ahora está en un sitio muy incómodo. Ha terminado su compromiso de tres años por 11.1 millones de dólares con los Gigantes. Sabe que no pudo responder a las expectativas provocadas por las campañas de 1999 y el 2000, cuando anotó 100 y 102 carreras y conectó 163 y 147 hits.
Durante las tres temporadas de su contrato, fue limitado a 152 hits, sumando esfuerzos segmentados por los problemas en las dos rodillas. En ese trayecto, robó 16 bases y disparó 16 jonrones.
Naturalmente, los Gigantes, preocupados por el envejecimiento de un Bonds severamente maltratado muscularmente, sin algo claro sobre el futuro de José Cruz, y con Marquis Grissom expuesto a un súbito bajón de voltaje, seguramente se volcarán en busca de outfielders una vez que se abra el mercado de Agentes Libres.
¿Qué puede ser para otros equipos, lo atractivo para ir en busca de Benard?
Para nosotros, interesados en verlo en acción, la respuesta está revestida de dramatismo: casi nada. Y nos duele por supuesto, porque si Marvin no sobrevive, quedaríamos con sólo un big leaguer, Vicente Padilla.
“Nunca me quedaré sin corazón para pelear por un lugar, para reclamar otra posibilidad, para ir a fondo contra los factores adversos”, me respondió hace unos meses cuando le pregunté si estaba preparado para lo peor.
Ciertamente, aún en el quirófano, él está en pie de lucha, mientras nosotros sostenemos nuestros alientos y cruzamos los dedos.
CASI NO SE VIO
En su última temporada con los Gigantes, Marvin conectó 14 hits en 71 turnos para un inadvertido promedio de 197 puntos, anotó 5 carreras y empujó 4, robándose una base.
En 27 de los 46 juegos en los que participó, el nica sólo pudo tomar un turno al bate, y en otros 6, no fue a batear.
Sólo estuvo en dos partidos de 5 turnos, cuatro de 4, cuatro de 3 y tres de 2. Es decir, 13 juegos con más de una vez al bate.
Su mejor actuación fue en 1999 con 290 puntos en 562 turnos, 16 jonrones, 64 empujadas, 100 anotadas y 27 robos de base.
En abril del 2000, los Gigantes se adelantaron a firmarlo por tres años, del 2001 al 2003.