Noches únicas e inolvidables de música clásica

Evelyn Martínez

“A veces los sonidos son como burbujas en la imaginación del sentimiento”.
Javner Alampana Muñoz
(Fagotista nicaragüense)

La noche del 3 de septiembre que se clausuró el VI Festival de Música Clásica en el Teatro Nacional Rubén Darío, fue excepcional al presenciar y escuchar por primera vez en la historia de la música clásica en nuestro país a una orquesta sinfónica integrada por músicos nicaragüenses, del resto de Centroamérica, Cuba, Estados Unidos y otros países, y un coro de 111 voces (casi un orfeón) de los distintos grupos corales existentes en el país, así como coristas de otros países, quienes interpretaron Carmina Burana del compositor alemán Carl Orff. Merecen mención especial los tres solistas salvadoreños, Ángela de Guardado (soprano), Pedro Morales (contra-tenor), Jaime Rosales (barítono), el español Gabriel Menéndez (barítono) y la norteamericana Elizabeth Dunne (tiple) quien se robó los mayores aplausos del público.

Antecedieron a Carmina Burana, Aires Gitanos, de P. Sarasate, cuyo solista en el violín, el norteamericano Joseph Gold, ejecutó con maestría, destreza y delicadeza impecables esta bella composición. Le siguió la brasileña Licia Lucas, solista en el piano, con el imponente Concierto No. 1 para Piano y Orquesta, de P.I. Tchaikovsky cuya ejecución e interpretación estuvo a la altura de los más grandes pianistas masculinos ya que es un concierto que requiere de mucha fuerza en sus partes más majestuosas. A mí en lo personal me emocionó hasta las lágrimas la presentación de la señora Lucas, ya que me recordó a mi abuela materna, Berta Ramírez Bravo viuda de Orozco, quien lo ejecutaba y me enseñó a apreciarlo. Ambos, tanto el señor Gold como la señora Lucas, fueron magistralmente acompañados por la Orquesta Sinfónica del Festival.

Todos, bajo la dirección del maestro suizo Urs Leonhardt Steiner, lograron transportarnos por la belleza musical, majestuosidad y excelencia de sus interpretaciones cosechando prolongados y bien merecidos aplausos.

Antes de la clausura del Festival, el 27 de agosto tuve la oportunidad de asistir al Concierto de Música Clásica en la sede del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica que auspició la Embajada de España, el Instituto mismo y el Comité Organizador del VI Festival Internacional de Música Clásica 2003 con los grupos de música de cámara, El Grupo de Cañas “Federico Smith” de la República Dominicana y El Cuarteto “Roldán” de Cuba, que integraron también la Orquesta Sinfónica del Festival.

El trío de instrumentos de cañas “Federico Smith” integrado por Reynaldo Pérez en el oboe (cubano), Roberto Medina (cubano) en el clarinete y Javner Alampana Muñoz (nicaragüense) en el fagot ofrecieron un concierto a la altura de la preparación musical que éstos han recibido y de la experiencia acumulada en los recitales que han ofrecido en las más importantes salas de conciertos de Cuba y República Dominicana. El repertorio que pudimos disfrutar incluyó el Adagio y Fuga, de J.S. Bach-W. A. Mozart; Divertimento No. 3 KVAnh.229, de W. A. Mozart; Suite (d’Apres Corrette), de Darius Milhaud; y La Muerte del Ángel, de Astor Piazzola. La ejecución de estos excelentes músicos fue impecable.

El Cuarteto Roldán integrado por Leonardo Pérez Baster en el primer violín, Julio César García Domíguez en el segundo violín, Román Guillermo Serrano Gillilg en la viola y Léster Isidro Monier Serrano en el cello, ofrecieron un concierto en el que después de haber interpretado el Cuarteto No. 12 do menor D.703 Allegro assai, de F. Schubert , siguieron con temas de grandes maestros de música de cámara donde mezclan ritmos propios influenciados por el jazz norteamericano: Divertimento, de Igor Frolov; Cochambeo en Mi Menor, de Leonardo Pérez Baster; La Conga, de Guido López Gavilán (cubano) y Cambió el ritmo de la noche, de Leo Brouwer. Fue una grata sorpresa ya que estos temas no estaban incluidos en el programa. El sentimiento unido con la maestría en la ejecución de los instrumentos de cuerdas de estos también excelentes músicos fue excitante por la improvisación que demanda el clásico de hoy, el jazz.

Estoy segura que todos aquéllos que asistieron a los conciertos ofrecidos tanto por los mencionados como por los otros grupos de cámara que hicieron sus presentaciones en Managua, Granada y Masaya, en distintos escenarios, quedaron totalmente satisfechos. Este tipo de conciertos no debiera darse solamente una vez al año, sino por lo menos tres veces al año, ya no digamos la Orquesta Sinfónica que por lo menos debiera ofrecer dos conciertos anuales.

El público nicaragüense y sobre todo la juventud de todos los estratos sociales merece que se le inculque el gusto por la música clásica y de esta manera contrarrestar el “bombardeo” a que es sometida desde los distintos medios de comunicación y presentaciones en vivo de algunos artistas extranjeros, que lo que ofrecen son ruidos disonantes, letras y bailes degradantes.

Es realmente urgente sensibilizar a través de esta bella música a la población que está abrumada por el desempleo y contaminada por la falta de valores, la vulgaridad, la delincuencia, el alcoholismo, la drogadicción, la prostitución y la corrupción. Para esto se hace necesario que el Gobierno, a través de las instancias correspondientes, las alcaldías y la empresa privada se unan al titánico esfuerzo del Comité Organizador del Festival Internacional de Música Clásica para lograr que este valioso esfuerzo sea proyectado de manera sistemática y masiva no sólo en unos cuantos departamentos sino en toda Nicaragua, porque como bien dice el cantante norteamericano Jimmy Socott: “La música es uno de los grandes regalos de Dios al hombre”.

La autora es actriz y cantante.

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