Ernesto [email protected]
Hace algunos meses escribí un articulo en LA PRENSA, Avivamiento evangélico, en el cual hice mención de nuestra grave crisis nacional, política, económica, social, judicial, moral y por ende espiritual. Estimulé a lo que el gran evangelista J. Wesley llamó a Inglaterra en el siglo 19, en 2 Crónicas 7; 14: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos: entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra”.
La Biblia nos da una panorámica cuando los gobernantes hacen caso omiso de la misma.
1 Reyes 12 nos relata la muerte del Rey Salomón, que reinó sobre Israel por 40 años. Su hijo Roboam fue el sucesor del trono, pero había un problema. Al morir Salomón el pueblo se reunió delante de Roboam, en Siquen; el pueblo estaba cansado de las labores pesadas que Salomón les había forzado a aguantar. Esperaban encontrar un oído más sensible con su hijo: “Su padre nos impuso un yugo pesado, alívienos usted ahora el duro trabajo y el pesado yugo que él nos echó encima; así serviremos a su majestad”. 1 Reyes 12; 4.
Cuando Roboam escuchó esta petición le dijo al pueblo que regresara en tres días. Una vez que el pueblo se fue, llamó a los ancianos que habían servido a su padre, para pedirles consejo. “Si su majestad se pone hoy al servicio de este pueblo —respondieron ellos— y condesciende con ellos y les responde con amabilidad, ellos le servirán para siempre”.
1 Reyes 12; 7
El nuevo rey rechazó el consejo sabio de los ancianos y optó por actuar basándose en el consejo necio de sus “amigos”. Aquellos “amigos”, que se habían criado con él, contestaron: “¡Si él les impuso un yugo pesado, yo les aumentaré la carga! Y si él los castiga a ustedes con una vara, yo lo haré con un látigo”. 1 Reyes 12; 10-11
Cuando Roboam le anunció su decisión a los israelitas, ellos se rebelaron, y en ese mismo día la nación de Israel fue dividida en el Norte y en el Sur. La mayoría se separó de Roboam e hicieron su rey a un hombre llamado Jeroboam. Sucedió porque Roboam hizo algo natural: en lugar de humillarse a sí mismo ante su pueblo y ser sensible a sus necesidades, optó por dominarlos para someterlos.
Como Roboam se negó a humillarse a sí mismo y servir al pueblo según el consejo dado por los ancianos, Dios le entregó la nación a un hombre que sí iba a servir al pueblo. La moraleja aplicada a nuestra nación es: El corazón de siervo es la cualidad más importante en el liderazgo.
Apelo al Presidente y a su Gabinete a obrar correctamente para no afligir más a nuestro país que necesita del alivio y esperanza para salir adelante. La Biblia afirma: El carácter de los gobernantes de una nación afecta la moral del país. Cuando los justos dominan el pueblo se alegra y prospera. El gobernante impío ocasiona gemidos por doquier. Si un gobernante quiere ser mimado, adulado, todos sus servidores, le hablarán mentiras y lisonjas. Proverbios 29; 2,12.
El autor es doctor en Teología, Apologética y Escatología Bíblica.