Róger Fisher S.
Hace algunos días, en la fiesta de aniversario de Independencia de un país amigo vinculado históricamente a Nicaragua, me impactaron dos hechos que vale la pena comentar. Al momento de escuchar los himnos de ambos países, una señora muy conocida en nuestros ambientes sociales, disfrutaba hablando desde su celular en una larga plática alrededor de la telenovela El Clon, mientras a su alrededor se entonaban con emoción y patriotismo los himnos nacionales de Perú y Nicaragua. Esa falta de respeto y educación pone de manifiesto también la pasión que produce la televisión y especialmente dicha telenovela, cuyos capítulos, dicen los conocedores, cuestan un promedio de cien mil dólares cada uno. En un momento dado de la noche, varias damas y damitas corrieron a buscar un televisor pues se podían perder las aventuras de Jade, Leo, Lucas, Albieri, Alí, Mohamed y tantos nombres que se repiten diariamente de boca en boca de los televidentes.
Lo único que me vincula al tema es el apellido de una bella y cuarentona actriz que aparece en el reparto y que podría ser descendiente de uno de mis tíos Justo, Federico u Otto que migraron al Brasil allá por los años catorce del siglo XX. Motivado por el alto rating de la novela, decidí formalmente trasladar a mis lectores el significado de clon o retoño, que “es un conjunto de células u organismos genéticamente idénticos, originados por reproducción asexual a partir de una única célula u organismo o por división artificial de estados embrionarios iniciales”, léase también: conjunto de fragmentos idénticos de ácido desoxirribonucleico obtenidos a partir de una misma secuencia original.
Utilizando las vacaciones de las Fiestas Patrias decidí por la ruta mareña en la que visité a Hildo y Ruth, disfrutando de su gran calidad de anfitriones y de una interesante conversación que inició paradójicamente con El Clon y se extendió al aspecto político, pues terciando la plática una agradable y joven señora dijo socarronamente que también hay clones políticos. Por ejemplo, nos decía: Eduardo Urcuyo es un sobresaliente clon de Jaime Morales Carazo, las tres María han sido clonadas políticamente por el doctor Arnoldo Alemán. En ese instante Hildo dijo: ya ves, Panchito Arana es un magnífico clon del Diablo y hasta le ha sacado ventaja. Por mi parte, recordé los clones económicos de Ernesto Fernández Holmann, tres amigos de su juventud llamados Eduardo, Nicolás y Fernando que resultaron unos extraordinarios profesionales.
Así las cosas caímos en el quince de septiembre de mil ochocientos veintiuno, sobre el Acta de la Independencia firmada en Guatemala y conocida hasta ocho días después en León de Nicaragua a través de un correo que llegó hasta la Casa de los Gobernadores, cuyo edificio tenía una gran fachada barroca “de arco conopial y friso con baquetoncillos”, según Diego Angulo de Iñíguez. El obispo García Jerez que fue gobernador de Nicaragua de 1811 al 1814, era el verdadero poder tras el trono y lógicamente monárquico y opuesto a la separación de España. Ante esa situación fray Nicolás García redactó la famosa Acta de Los Nublados, en la que se dirigió a Guatemala sobre los sucesos independentistas, dando a conocer los acuerdos:
1. La absoluta y total independencia de Guatemala, y
2. La independencia del gobierno español hasta tanto no se aclaren “los nublados del día” y pueda esta Provincia obrar con arreglo a sus empeños religiosos y verdaderos intereses.
El Acta de Los Nublados fue firmada por Miguel González Sarabia, Manuel López de la Plata, coronel Joaquín Arechavala, Domingo Galarza, Pedro Solís, Vicente Agüero, Pedro Portocarrero, Agustín Gutiérrez y, desde luego, fray Nicolás García Jerez.
Realmente la Independencia de 1821 llegó tarde a Nicaragua y las autoridades que nos anexaron a Iturbide tomaron muy relativamente en cuenta la opinión de los nicaragüenses. Más bien Gaínza decidió acentuar las diferencias entre León y Granada para sacar ventajas. Fue entonces que se nombró comandante general de Granada, al coronel Crisanto Sacasa, criollo republicano, médico, militar e ilustrado que pertenecía a la clase privilegiada de la Encrucijada, contraria a Los de Arriba.
En ese mismo año Iturbide se proclamó emperador y protector de Gaínza, que pasó a su servicio. Fueron años sumamente complicados para nuestro territorio, nebulosos y anárquicos, de levantamientos y sublevaciones continuas, surgiendo Cleto Ordóñez que tomó el poder un 16 de enero y en un gesto digno rompió con Iturbide, echando por la borda el Plan de Iguala.
A pesar que continúan Los Nublados valdría la pena que los estudiosos dedicaran una serie de charlas a esa parte de nuestra historia, que es el verdadero balbuceo republicano y que nos llevó poco a poco, entre luchas fratricidas y amaneceres de esperanza, a la puerta institucional de los treinta años.
El autor es publicista.