Guatemala, candidatos contra encuestas

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Guatemala, candidatos contra encuestas





En Guatemala habrá elecciones presidenciales el próximo 9 de noviembre; y de acuerdo con las encuestas, el candidato que tiene más probabilidad de ganar la elección —por lo menos en la primera vuelta pues se necesita más de la mitad del total de los votos para ser electo presidente—, es Oscar Berger, un popular político de centro derecha que fue exitoso alcalde de Ciudad Guatemala y que cuenta hasta ahora con el 37 por ciento de la intención de voto. Por su parte el controversial general retirado Efraín Ríos Montt, ocupa el tercer lugar con 13 por ciento, pero no lejos del segundo lugar que marca 17 por ciento.

Precisamente las encuestas han calentado la campaña electoral guatemalteca, que según observadores se venía desenvolviendo con relativa frialdad a pesar de las tensiones que produce la campaña violenta del general retirado Ríos Montt, que no obstante estar inhibido constitucionalmente porque participó en un golpe de Estado un tribunal constitucional autorizó su inscripción como candidato presidencial.

Diez de los 12 candidatos presidenciales guatemaltecos suscribieron y dieron a conocer la semana pasada la exigencia a los principales medios informativos, de que no los sigan tomando en cuenta para las encuestas. Los políticos acusan a los medios de manipular a la opinión pública con las encuestas al presentar datos falsos o dudosos para favorecer a alguno de los candidatos presidenciales.

Es tan grave la enemistad de los políticos de Guatemala con los medios de comunicación, que prácticamente todos, que sólo Oscar Berger participó en un evento de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y el Banco Mundial, celebrado la semana anterior, en el que los presidenciables fueron invitados a exponer sus opiniones sobre la libertad de expresión y de información, y a firmar la Declaración de Chapultepec.

Como se recordará, en Nicaragua los candidatos presidenciales durante la campaña electoral del 2001 firmaron la Declaración de Chapultepec, inclusive el sandinista Daniel Ortega, quien cuando gobernó el país entre 1979 y 1990 impuso la censura a los medios de comunicación y en general suprimió la libertad de expresión y de información.

En Guatemala, casi todos los candidatos presidenciales acusan a los medios de comunicación y a las empresas encuestadoras de manipular los sondeos de intención de voto, pero no presentan ninguna prueba en respaldo de tan grave acusación. En realidad, según algunos observadores y analistas políticos, lo que pasa es que los líderes de los partidos y los candidatos presidenciales de Guatemala no son consecuentemente democráticos, y están convencidos que las encuestas influyen de manera decisiva sobre los electores, al inducirlos a votar a favor de determinadas personas.

Por ejemplo, los políticos guatemaltecos creen que las encuestas consolidan en la mente de los electores, como imagen de candidato ganador, la del que aparece adelante en la preferencia ciudadana. Consideran también que las encuestas inducen a la transferencia de los votos de los candidatos que van atrás en favor de los punteros, partiendo del criterio de que supuestamente a los electores no les gusta desperdiciar sus votos y por lo tanto tienden a apuntarse al llamado “caballo ganador”. Pero, además —y esto es lo que más molesta a los políticos, particularmente a los candidatos—, estiman que en la búsqueda de donaciones y contribuciones para financiar las campañas electorales que cada vez son más costosas, las encuestas tienen efectos devastadores para quienes no aparecen en los primeros lugares.

En todas partes del mundo y sobre todo en los países donde las instituciones y la cultura democráticas son incipientes y débiles, los políticos y especialmente los candidatos a cargos públicos electivos descalifican las encuestas cuando ellos no aparecen como posibles ganadores. Lo cual es absolutamente comprensible porque en primer lugar a nadie le gusta que lo presenten como perdedor, y además, ningún candidato quiere que sus seguidores y los electores en general crean que él no tiene posibilidades de triunfar.

Pero en Guatemala se ha llegado a una situación extrema en la que se ha roto la delicada e indispensable relación entre instituciones, políticos y candidatos electorales, con los medios de comunicación, que en un país libre son los fiscales de la democracia.

Editorial
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