Fabián [email protected]
INTENCIONES
Demasiado bueno para que fuera cierto. La buena noticia fue que los magistrados del Consejo Supremo Electoral decidieron por unanimidad reducir sus salarios a la mitad. Había que aplaudirles. Pero ahora vienen los matices: primero, que no eran todos quienes estaban dispuestos a aceptar la reducción; segundo, algunos sólo aceptaron rebajar el 30 por ciento; y tercero, que el dinero que ahora no se cobren se lo servirán de próximas partidas. Al final, queda sólo agradecer a los magistrados las buenas intenciones, si es que alguna vez lo fueron.
INGENUOS
Recién terminaba la guerra en Irak y las armas de destrucción masiva que sirvieron de pretexto para la invasión no aparecían. Cuando señalé esa ausencia en esta columna, algunos me criticaron agriamente. Que si yo creía que las armas éstas iban a estar en media calle, que diera un tiempo, que iban a aparecer, y que si no aparecían después de un tiempo razonable, tres meses dijo uno, ellos serían los primeros en reconocer lo ingenuos que fueron. Han pasado los tres meses, y yo sigo aquí esperando ese reconocimiento de ingenuidad que nunca llegó.
CAMBIO DE OPINIÓN
Todo cambia. Recuerdan cuando Estados Unidos inició la guerra sin el visto bueno de la ONU. En ese tiempo se decía que es un organismo que no sirve para nada, que ya estaba muerto y otras sandeces que se resumen en “mejor solos que mal acompañados”. Pues bien, ahora que las cosas se están complicando en “el nuevo Irak”, es precisamente Bush el que pide a la ONU que se haga cargo del desmadre que ahí se ha armado. ¿Y no es que no servía para nada?
PALABRA DEVALUADA
El Gobierno ha apelado a la confidencialidad supuestamente solicitada por un donante para no revelar el nombre de quien dio el dinero con que se pagó el seguro de los soldados nicas en Irak. Debería bastarnos eso para dejar en paz este asunto a todas luces intrascendente. No. Lo único que tenemos es la palabra del Gobierno que dice que alguien pidió confidencialidad. ¿Y si es una treta? ¿Es suficiente garantía la palabra del Gobierno? El problema, a mi criterio, es que al hablar de confidencialidad se le dio una dimensión que no hubiese tenido si simplemente sueltan el nombre del país y punto. A estas alturas ya nadie se acordaría del asunto.
EJEMPLO
Lo grave de este asunto no es lo del seguro, si no que, si esta vez se deja pasar algo así, estaría oficializándose una práctica de confidencialidad que resultará muy perniciosa. Por ejemplo, mañana un narcotraficante le da dinero a un presidente, y éste podría alegar confidencialidad porque ésa es la condición que le puso el donante. Así cuando la Contraloría lo requiera le dirá que se conformen con su palabra y dejen de estar haciendo preguntas.
DECENCIA
El Clarín, el periódico más leído de Argentina, se pregunta en la portada de su revista dominical: “El dilema argentino: ¿vale la pena ser decente?” Aunque parezca un chiste, la interrogante invita a la reflexión. Cuántos millones perdidos, cuántas fortunas construidas a la sombra del saqueo estatal, cuántos señalados por el dedo acusador y… ¿cuántos están pagando por esos delitos? Si Byron Jerez y Alemán salen libres no estaríamos obligados a por lo menos preguntarnos como los argentinos: ¿vale la pena ser decentes?