Eduardo Enrí[email protected]
La verdad, no quería escribir sobre la Corte Suprema de Justicia, pero es que sus acciones son tan inverosímiles que cualquier otra situación le queda chiquita. Además, no hay que olvidar que todo el desarrollo que tanto ansiamos en este país pasa por tener un sistema judicial independiente, serio y que comience por respetarse a sí mismo.
La administración de justicia está pasando por sus peores momentos en muchos años y “carreta vacía” es lo menos que se le puede decir. Los magistrados reaccionan ofendidos. Pero veamos los hechos:
El Tribunal de Apelaciones de Granada está desintegrado desde hace semanas. La razón por la que permanece desintegrado no es que la Corte no encuentre abogados o jueces idóneos para esos cargos, sino que como la Corte se ha dividido en bancadas que representan a sus caudillos, tanto los arnoldistas como los danielistas quieren poner a sus fichas.
La solución que hallaron los magistrados fue pasar toda la carga de Granada y Rivas al Tribunal de Apelaciones de Managua. ¡Genial! ¿Y no es que uno de los problemas más grandes aquí es la retardación de justicia?
Pero el problema no es sólo a nivel macro, como dirían los economistas. En este momento en Nicaragua hay muchos Juzgados que no tienen jueces. No hay juez de Distrito Civil y Laboral en Bilwi, tampoco hay juez en San Carlos ni en San Juan del Norte, Río San Juan y en muchos otros lugares más.
Ellos dicen que es por falta de presupuesto. ¡Ah!, pero para los 16 magistrados de la Corte Suprema no ha faltado dinero.
Ese cuento surge, precisamente, cuando el Ministerio de Hacienda les está diciendo que no pueden darles más para el presupuesto del 2004, porque simplemente no hay. A mí me parece que la falta de nombramiento de jueces no es más que un chantaje para obligar al Ejecutivo a darles lo que quieren.
Hay que preguntarse qué pasó con los cientos de miles de córdobas que se ahorraron durante los meses que no hubo 16 magistrados sino 11 en la Corte, porque danielistas y arnoldistas en la Asamblea no se ponían de acuerdo en cómo dividirse esos cinco puestos. ¿Cómo es que se les acabó la plata?
Habrá que recordarle a los magistrados también, que un presupuesto no sólo se arregla aumentando el ingreso, sino haciendo uso racional de los recursos. Es cierto que reducir de 16 a 11 o a siete no depende de los magistrados, pero ellos se opusieron frenéticamente a la idea de aprovechar el trabón en la Asamblea para reducir la Corte y, entre otras cosas, ahorrar.
Y al fin, ¿para qué quieren más dinero? ¿para que sigamos viendo fallos que retuercen la ley para obedecer los intereses de los dos caudillos, sus allegados o al que tenga más dinero o influencia política?
Las pruebas salen a diario y ni siquiera se sonrojan: Byron Jerez pasa más tiempo en el hospital que en la penitenciaría y hasta se da el lujo de pasar las Fiestas Patrias en su casa por sus famosos problemas de la “banda gástrica”, pero hay cientos de presos pobres que están muriendo en las cárceles y a ningún juez le interesa sacarlos. ¿Y eso se va a solucionar con más presupuesto? Lo que aqueja al Poder Judicial no es falta de dinero, sino falta de entereza.