Víctor Manuel Espinoza Pao
El jurisconsulto, doctor Rafael Ortega Aguilar, decía en su cátedra de Derecho Civil que el lenguaje de los jueces y magistrados es a través de los “autos o sentencias”. Pero desde hace cuatro años comenzaron los jueces a hablar en dos lenguajes, uno el que dan a los medios de comunicación y el otro cuando dictan la sentencia. Algunos magistrados de la Corte Suprema de Justicia han venido usando este estilo, en cambio los Magistrados de los Tribunales de Apelaciones son más prudentes.
El doctor Aguilar agregaba que en su época, cuando un magistrado daba una opinión era para que el abogado lo recusara y así no conocer del caso.
La piedra de la discordia está en la expresión “emitir opinión”. Constantemente los jueces dicen que no pueden emitir opiniones antes de fallar, pero de una manera indirecta o directa están emitiendo opinión, porque siempre es más listo el entrevistador (periodista) que el entrevistado; por ejemplo, recientemente un juez decía sobre el caso de las niñas en el motel era un delito muy fuerte y que él estaba en contra, pero el mismo había rechazado la acusación de la Fiscalía por falta de requisitos. Por lo tanto ya el caso lo calificó de un delito sin haber conocido el caso.
Los jueces caen en la trampa no por falta de capacidad sino por falta de prudencia de aparecer en los medios de comunicación, perdiendo el buen juicio, hasta un magistrado de la Corte Centroamericana de Justicia, haciendo comentarios sobre la posible sentencia que dictaría este tribunal, el periodista casi lo atrapa pero el magistrado controló sus emociones, no siguió hablando y hasta ahí llegó la entrevista.
Me pregunto y no encuentro la respuesta: ¿por qué la doctora Juana Méndez, en el caso del traslado del doctor Alemán, primero hizo una conferencia de prensa, puso al reo en peligro durante su traslado, en vez de hacer lo contrario, dictar el auto, hacer el traslado y después dar la conferencia?
En la mayoría de los países los jueces y magistrados aún después de fallar no emiten opiniones, sino que los secretarios se encargan de mostrar la sentencia a los medios de comunicación, ya que sus criterios u opiniones están expresados en la sentencia.
En Nicaragua el caso se agrava porque se ha formado una Asociación de Jueces y Magistrados, que en vez de ser su finalidad la actualización profesional, el fortalecimiento institucional y la solidaridad con los jueces o magistrados que se encuentran presionados por otro tipo de poderes, actúa sin esperar que conozca de previo y se pronuncie la Comisión Disciplinaria de la Corte Suprema de Justicia. Recientemente el doctor Sabino Hernández fue cuestionado por un supuesto viaje que hiciera a Panamá con un procesado. En esa oportunidad la doctora Yadira Centeno, con buen tino, decía a los medios de comunicación: “¿A cuenta de qué un juez debe andar con un procesado?” En cambio, la Asociación de Jueces decía en su comunicado que el doctor Sabino Hernández era un hombre honesto, buen juez y que “deberían dar al César lo que es del César”. Si la Corte Suprema de Justicia en esa ocasión hubiera decidido enjuiciar a este funcionario judicial, ninguno de estos jueces podría haber conocido del caso porque en su comunicado ya habían emitido opinión.
Si leemos el Diario LA PRENSA descubrimos que en un treinta por ciento de los casos los jueces han venido emitiendo opiniones antes de fallar, lo que viene a perjudicar la recta administración de justicia. Hay un pensamiento francés que dice: “Es mejor una tinta indeleble que una memoria brillante”. Lo que significa que un juez o magistrado por muy capaz e inteligente puede cometer error antes de fallar, por emitir opinión.
El emitir opiniones debe ser propio de los procuradores, fiscales y abogados que son parte en el proceso, porque precisamente desean que el juez y el público se formen una opinión en torno a los intereses que defiende.
Esta práctica debería ser estudiada y analizada por la Corte Suprema de Justicia, hacer sus recomendaciones al sistema judicial y evitar este tipo de competencia en los medios de comunicación, que a veces son dolorosas porque el juez en algunos casos hace referencia al acusado y al supuesto delito y al final si éste es inocente, el juez hizo un daño moral que es irreparable.
El autor es abogado.