¿Las botellas sustituyen a los libros?

Vicente Maltez Montiel

Dramáticas son las fotografías de una primera plana del Diario LA PRENSA que muestra a jóvenes estudiantes de secundaria en horario de labores académicas, bajo los efectos del alcohol. Fuerte campanada de atención que el periodismo hace a la conciencia de la nación alertándola del peligro que significa que a tan temprana edad los jóvenes, que debiendo estar en labores académicas, y así lo piensan sus padres que probablemente con dificultades buscan el sustento del hogar, se encontraban dedicados al consumo de alcohol.

No son casos aislados. El año pasado la Policía de la Estación Dos trasladó 456 adolescentes alcoholizados, mientras que la cuenta actual ya lleva 220 alumnos detenidos con motivo de consumir alcohol. Mientras tanto sólo 18 establecimientos han sido multados por expender alcohol a menores.

La adolescencia y la juventud son etapas que ameritan nuestro cuido, pues son períodos de la vida susceptibles de graves deformaciones de la conducta que destruyan prometedoras vidas. Son etapas de la vida poseedoras de sus propias virtudes que no debemos permitir sean dominadas por vicios.

Se ha definido que el alcoholismo es un trastorno de la conducta y en términos farmacológicos es adicción al alcohol. Se caracteriza por la presencia de: 1.- Individuos susceptibles de alto riesgo. 2.-Desarrollo de mecanismos autoperpetuantes que producen adicción. 3.-Un curso más o menos típico. 4.-Complicaciones y secuelas específicas.

El pronóstico de mayor temor sobre el resultado final de la vida de un alcohólico o alcohólica es la muerte prematura. Así lo demuestran las estadísticas: 50 por ciento de las muertes por colisiones automovilísticas, 25 por ciento de los suicidios y la cuarta causa de muerte en los Estados Unidos tiene que ver con el alcohol.

Sólo hay dos factores principales y decisivos que pueden favorecer la recuperación de las personas, antes que aparezcan estigmas físicos y sociales del alcoholismo y son: la identificación temprana y la intervención oportuna en las personas o grupos de crisis.

El problema está ahí frente a nosotros, claramente identificado. Algunos de nuestros estudiantes parecieran querer sustituir sus libros por botellas de licor. Es la hora de adoptar las intervenciones que necesariamente tienen que ver con el diseño de una política de salud mental nacional y de influenciar en el tiempo libre de los diferentes sectores, especialmente los más vulnerables.

En este esfuerzo el Estado nicaragüense a través del Ministerio de Educación, la sociedad civil en la cual se cuentan tantas y tantas ONG, que dicen defender los intereses de la juventud y los comunicadores sociales tenemos un puesto de lucha de primer orden.

El divino tesoro de nuestra juventud debe ser protegido y promovido.

El autor es médico, abogado y periodista.

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