- Dentro de pocos años, Nicaragua ya no tendrá bosques y los ríos serán sólo recuerdos en fotografías
José Adán Silva [email protected]
En Casa Presidencial, el miércoles de la semana pasada, un funcionario explicaba ante un grupo de periodistas, lo mal que Nicaragua avanza hacia el futuro. En medio de la enumeración negativa de situaciones casi apocalípticas, que en todos los ámbitos afectan al país (social, económico y político), hubo una que a muchos dejó impresionados: el medio ambiente.
Según el Plan Nacional de Desarrollo, Nicaragua es un país que a mediano y largo plazo, es insostenible en casi todos sus aspectos: en lo fiscal, en las exportaciones y comercio externo, en lo social, en lo político-institucional y en lo ambiental.
De todos los malos augurios que citó a largo plazo, el más impresionante fue el ambiental. De acuerdo con este Plan Nacional de Desarrollo (PND), al ritmo que en Nicaragua se destruyen los recursos naturales, al cabo de unos pocos años no existirán bosques, los ríos serán lechos de arena y piedras, gran parte de la fauna silvestre que conocemos estará extinguida, y el clima será tan inclemente, que igual nos calcinará en verano, como en invierno. El agua será un lujo para pocos, y todo lo verde desaparecerá.
GRAVES CONSECUENCIAS PARA LA SALUD
Según el PND, si el gobierno actual o los próximos gobernantes esperan aumentar la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto a través de una explotación irracional de los recursos naturales, “el resultado será una insostenibilidad y deterioro ambiental con graves consecuencias para la salud y el futuro desempeño de la economía nicaragüense”.
Sólo en 1998, durante los meses de marzo, abril y mayo, Nicaragua experimentó un total de 16,500 incendios forestales, más que el resto de fuegos en Guatemala, El Salvador y Honduras, juntos, durante ese mismo período.
De acuerdo con el documento oficial, las quemas no sólo destruyen los bosques, sino que contaminan el medio ambiente: el humo proveniente de estos incendios es el agente principal del llamado “Efecto Invernadero Antropogénico”, experimentado en Nicaragua, el cual según los expertos es el responsable del creciente aumento de temperaturas en Managua y del alejamiento de las lluvias en la última década.
CÍRCULO VICIOSO DEL FUEGO FORESTAL
El estudio señala que los daños de salud ocasionados por la contaminación de las quemas y el aumento en la temperatura del medio ambiente, empeoran la sostenibilidad fiscal ya que aumenta los gastos curativos que tiene que hacer el Ministerio de Salud, para tratar las afecciones respiratorias provocadas por el humo, las afecciones cardíacas que sufren muchos ciudadanos y las enfermedades de la piel al incrementarse la exposición a los rayos ultravioleta.
En los últimos dos años, según estadísticas del Ministerio de Salud, se han disparado en las zonas rurales las enfermedades respiratorias agudas, principalmente entre los niños menores de siete años.
Además, en lo que a pérdidas por erosión se refiere, se ha estimado que como consecuencia de la destrucción de las tierras agrícolas y la deforestación de los bosques, anualmente Nicaragua pierde un 0.75 por ciento de su tierra vegetal. “Esta pérdida pequeña pero sostenida, definitivamente disminuye el potencial de crecimiento económico futuro, empeorando aún más la sostenibilidad económica”, señala el documento.
SE NOS VA EL AGUA
Según las consideraciones del PND, la contaminación de las aguas superficiales por la disposición inadecuada de aguas negras y la contaminación de aguas subterráneas por sustancias químicas, o por emanaciones volcánicas subterráneas, así como el creciente deterioro de los yacimientos de agua subterránea, anticipan el surgimiento de una crisis doble de salud pública y de escasez de agua en el ámbito nacional en los próximos veinte años.
En cuanto a efectos económicos, esta creciente falta de agua potable se expresará en que “va a aumentar considerablemente el gasto en salud curativa y en inversión pública que tendrá que hacer el gobierno en los años venideros”.
La alta vulnerabilidad del sector agrícola ante los cambios climáticos se refleja en un estudio realizado por el Marena, el cual construye escenarios de cómo el país se verá en los próximos 50 años, si se sigue con las actuales prácticas productivas basadas en la expansión y el uso inadecuado de los recursos naturales.
El estudio determina la tendencia de la deforestación, utilizando como base un mapa nacional del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) de 1983 y el mapa del Ministerio Agropecuario y Forestal de 2001. La comparación entre mapas permitió la estimación de una tasa promedio de deforestación, que además fue ajustada por las estimaciones del incremento poblacional y la demanda por granos básicos.
BOSQUES SE EXTINGUEN
De seguir la tendencia, para el año 2050 la frontera agrícola ya habrá alcanzado completamente la Costa Caribe, quedando únicamente vestigios forestales en las áreas protegidas, que se supone permanecerán intactas durante el período, a pesar que desde ya se han registrado incursiones humanas a estas zonas.
Para el año 2050, el estudio concluye que zonas actualmente consideradas como “seguras” para la producción de granos básicos en sitios altos de Matagalpa y Jinotega serán afectadas. Casi la totalidad de los departamentos de Chinandega, León, Managua y Masaya, tendrán caídas severas en los rendimientos productivos. Habrá más hambre.
HAMBRE Y EXTINCIÓN
Según un estudio del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales, citado en el Plan Nacional de Desarrollo, de no detenerse la destrucción ambiental del país, “se pone en peligro la producción futura de granos básicos, arriesgando de esta manera la seguridad alimentaria del país”.
Además, señala el estudio, por el lado ecológico se corre el riesgo de perder casi la totalidad de la diversidad biológica del país (una de las más ricas del mundo) y de los recursos forestales.
La deforestación traería además, según el análisis del Marena, un desbalance hídrico que pone en riesgo el abastecimiento de agua para todo tipo de uso, a la vez que la degradación de los suelos generaría una reducción en las alternativas productivas.
Finalmente, se incrementaría la incidencia de inundaciones en zonas costeras bajas, afectando humedales y esteros, así como las riquezas de los recursos hidrobiológicos.
SE PUEDE REVERTIR EL CAOS
Según el Plan Nacional de Desarrollo, estos efectos pueden ser mitigados y hasta revertidos con políticas adecuadas de manejo, en zonas de la frontera agrícola. “La regulación adecuada del uso de los recursos naturales se presenta también como una acción que el Estado puede y debe fortalecer, así como la integración de los programas y proyectos en zonas potencialmente vulnerables, a fin de lograr que éstas alcancen un nivel de desarrollo integral y amigable con el ambiente”, dice el documento.