Andrea Vanegas
Me asombra leer en los periódicos el revuelo que causó el Manual de Educación Sexual. Parece mentira que en pleno Siglo XXI se escandalicen ciertas personas de que se hable de educación sexual en las escuelas. No veo ningún pecado en enseñarle a un niño o niña las partes de su cuerpo, explicarle a una preadolescente que en determinado tiempo su cuerpo tendrá cambios, o platicar con los hijos jóvenes y darles a conocer las consecuencias que traen las relaciones sexuales promiscuas. La primera escuela y el primer manual es el hogar, ya que los hijos son el reflejo de lo que sucede en nuestra sociedad. La educación sexual no depende solamente de un buen manual y de una profesora que de bien la clase. Hay que trabajar todos juntos por enseñarles a los hijos a respetar la vida, los valores morales y espirituales, y a tener criterio propio. Es buena idea la publicación del Manual de Educación Sexual siempre y cuando lleve mensajes positivos, y sobre todo enseñe que las relaciones sexuales son un regalo tan íntimo entre dos personas que se aman, y sobre todo que se respetan. Es preparar a los jóvenes sicológicamente para ser padres, profesionales, y sobre todo a respetar su cuerpo.