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BRATISLAVA.- El Papa Juan Pablo II presidió el domingo una misa en honor a dos mártires de la era comunista, en el último acto de una agotadora visita de cuatro días a Eslovaquia, que expuso la debilidad del Pontífice de 83 años.
El líder de la Iglesia Católica, quien padece la enfermedad de Parkinson y a duras penas puede caminar, pareció encontrarse algo mejor en el último día de su viaje número 102, y leyó sus oraciones en un tono más alto y firme, incluso gesticulando mientras hablaba.
Sin embargo, durante la mayor parte de esta gira ha aparecido siempre muy cansado y su voz entrecortada y trabada.
Al Papa no se le ha visto caminar sin ayuda y sus asistentes han tenido que terminar por él varios discursos. En lo que se convirtió en algo habitual en este viaje, un cardenal eslovaco le leyó la mayor parte de su homilía el domingo.
Después de recorrer el país en tres días, la misa de Brastislava era la atracción religiosa de la visita. Más de 200,000 fieles procedentes de toda la región acudieron en lo que muchos pensaban podía ser su última oportunidad para ver con vida al Papa.
Una muchedumbre le recibió con banderas polacas, austríacas, húngaras, eslovacas y del Vaticano, y la visión pareció darle nuevos aires a Karol Wojtyla.
Vestido de rojo y oro, el Papa presidió la misa en un escenario de viviendas de cemento, al más puro estilo de la planificación comunista, que responsables de la Iglesia llamaron “una ciudad construida sin Dios”.
“Es maravilloso que el Papa venga aquí. Y una gran ilusión espiritual para la nación eslovaca. Es un regalo para nuestra nación que él haga el sacrificio de venir a vernos cuando su salud está tan mal”, dijo Eduard Brigand, un eslovaco de 36 años.
BEATIFICACION
El Papa eslavo, que nació en la vecina Polonia, beatificó a una monja, Zdenka Schelingova, y al obispo Basil Hopko, dos eslovacos que fueron perseguidos por las autoridades de la ex Checoslovaquia comunista.
La beatificación es el último paso antes de la canonización en la Iglesia Católica.
Hopko fue torturado mental y físicamente por sus relaciones con el Vaticano. Condenado a 15 años en prisión, fue puesto en libertad a causa de su delicada salud antes de su muerte en 1976. Pruebas médicas mostraron después que fue lentamente envenenado.
Schelingova fue torturada y encarcelada porque ayudó a curas perseguidos a escapar del comunismo. También fue puesta en libertad por problemas de salud a los tres años de su reclusión, y falleció pocas semanas después.
El Papa criticó en diversas ocasiones durante la visita al comunismo, contra el que ha luchado toda su vida, y ayudó a descomponer, y frecuentemente advierte a los cristianos que no caigan en la trampa secular a la que su nueva libertad puede llevarles.