Isabel Hernández dijo que prefiere que sus cuatro hijos permanezcan en España adquiriendo una buena formación, mientras carga a Jeremy Santiago, el único de sus nueve hijos que permanece con ella. (LA PRENSA/G. FLORES)

Madre prefiere que sus hijos se queden en España

Agobiada por la pobreza, Isabel Hernández piensa que sus hijos están mejor en España, porque “allá se prepararán mejor” Jehú Hernández Sandoval [email protected] La palabra pobreza se queda corta para describir las condiciones en que vive Isabel Hernández junto a su madre de 70 años y un hijo de apenas cuatro meses de nacido. Quizá […]

  • Agobiada por la pobreza, Isabel
    Hernández piensa que sus hijos
    están mejor en España, porque
    “allá se prepararán mejor”

Jehú Hernández Sandoval [email protected]

La palabra pobreza se queda corta para describir las condiciones en que vive Isabel Hernández junto a su madre de 70 años y un hijo de apenas cuatro meses de nacido. Quizá miseria la describiría mejor.

Aunque ella no pone como excusa su situación económica para justificar que a cuatro de sus hijos se los llevaran ilegalmente hacia España hace cinco años, sostiene que si allá van a tener una mejor preparación, que mejor se queden.

Sentada en un balde plástico en el patio de su casa, vestida como cualquier mujer del campo, los pies descalzos y sosteniendo en sus brazos al único hijo que tiene consigo de los nueve que ha traído al mundo, dijo sentirse agobiada por la incertidumbre de no tener noticias de sus cuatro hijos desde hace tres años.

Mientras conversa, en repetidas ocasiones se saca el pecho para amamantar a Jeremy Santiago, quien totalmente desnudo lucha por sacar leche de su madre y espantarse las moscas que tiene asentadas en la cara y espalda.

Pese a su condición humilde, Hernández habla con desenvoltura. Afirma tener 38 años aunque aparenta menos. Con una mueca de tristeza dibujada en el rostro narró que cuando viajó a España junto a sus hijos, le dijeron que le darían trabajo en aquel país, pero como “no me hallé (acostumbré), me vine de regreso y ellos se quedaron”.

CASA DE RETAZOS

La casita donde vive fue levantada con sus propias manos con pedazos de lata, láminas de zinc viejo, barriles abiertos, plástico negro y sacos macén. El techo es de tejas de barro sostenidas por varas rústicas del campo.

En el patio se observa una piedra sobre cuatro varas, que hacen las veces de lavadero, una sábana atada en los extremos que sirve de hamaca para el bebé y una escoba de monte que utiliza para asear el entorno.

Una que otra gallina junto a sus polluelos picotean la tierra húmeda, tratando de encontrar algún alimento, algo que también escasea para los moradores de la humilde vivienda.

En la parte trasera, un fogón que permanece apagado indica que no habrá almuerzo, pues son las 12:30 p.m. Sobre una mesa se observan varios platos y vasos plásticos atestados de moscas. Más al fondo, una sola lámina de zinc sirve de baño y excusado, teniendo como pared de fondo unos matorrales y de pared lateral la tapia de una granja de pollos que funcionó hace años.

Isabel y su madre, Graciela Valle, llegaron a la comunidad de Guanacaste, ubicada en el kilómetro 49 carretera nueva a León, siguiendo a un hermano que trabajaba en una hacienda vecina como “campisto”, y les dijo que allí podían agarrar un terrenito para vivir, después que se separó de su compañero de vida, Hilario Picado, con quien vivía en Quezalguaque.

Con palabras evasivas y miradas esquivas, Isabel trató de explicar que: “Ya he dicho todo lo que tengo que decir”. Sin embargo, poco a poco fue tomando confianza y relató las circunstancias que la hicieron viajar junto a cuatro de sus hijos a España, donde supuestamente dos españolas, María de los Ángeles y Rosario, la llevarían a trabajar y la apoyarían en la formación de sus vástagos.

“Es malo despreciar una oportunidad. Yo trabajaba como hombre y mujer para mantener a mis hijos y cuando las españolas me dijeron que me iban a ayudar, pensé que era mejor que viajáramos para que ellos se prepararan”, dijo.

Al ser consultada acerca de la posibilidad que existe de que sean traídos de regreso a Nicaragua, expresó que: “Si están bien allá y se van a preparar, mejor que se queden, porque aquí yo no les puedo dar lo que tienen en España”.

QUE LOS TRAIGAN

Por su parte, Hilario Picado, padre de los menores que permanecen en España, aseguró que está dispuesto a recibir a sus hijos y luchar como sea para mantenerlos. “Lo hice cuando eran chiquitos y por qué no lo voy a hacer ahora. Que los traigan, son mis hijos”, exclamó.

Sus palabras no tienen mucho soporte. Vive en Quezalguaque posando en la casa de un finquero, no tiene trabajo y espera, dentro de dos o tres meses, comenzar como ayudante de camión sacando la cosecha de arroz que se produce en la zona.

DISTRIBUCIÓN DE HIJOS

Isabel Hernández ha tenido nueve hijos, los que tiene distribuidos de la siguiente forma:

Bismark Rolando, de 16 años, con una familia de Quezalguaque

Lucila Mercedes, de 15 años, vive con su padre

Carlos Alberto, 13 años, en España

Einer Javier, 8 años, con una hermana evangélica, en Quezalguaque

Zeneyda Isabel, de 9 años, en España

Carolina Azucena, de 6 años, en España

Manuela de Jesús, de 5 años, en España

Yarlin del Socorro, de 3 años, en Nagarote, con su padre

Jeremy Santiago, de 4 meses, con ella.

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