George W. Bush (*)
Hace casi dos años, tras los mortíferos ataques contra nuestro país, comenzamos una campaña sistemática contra el terrorismo. Estos meses han sido una época de responsabilidades nuevas y sacrificio y resolución nacional y muchos logros.
Estados Unidos y una extensa coalición actuaron primero en Afganistán al destruir los campamentos de capacitación terrorista y derrocar al régimen que protegía a Al Qaeda. En una serie de ataques y acciones en todo el mundo, casi dos tercios de los líderes conocidos de Al-Qaeda han sido capturados o matados, y continuamos tras Al Qaeda.
Hemos expuesto a grupos de frente de terroristas, incautado cuentas de terroristas, tomado medidas nuevas para proteger nuestro territorio nacional y descubierto células en estado latente dentro de los Estados Unidos. Y tomamos medidas en Irak, donde el régimen anterior patrocinaba el terrorismo, poseía y utilizaba armas de destrucción en masa, y durante 12 años desafió las exigencias claras del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Nuestra coalición hizo que se cumplieran dichas exigencias en una de las campañas militares más rápidas y humanitarias de la historia.
Durante una generación que llevó al 11 de septiembre de 2001, los terroristas y sus aliados radicales atacaron a personas inocentes en el Medio Oriente y más allá, sin enfrentar una respuesta sostenida y seria. Los terroristas se convencieron de que las naciones libres son decadentes y débiles. Y se volvieron más atrevidos al creer que la historia estaba de su lado. Desde que Estados Unidos apagó los incendios del 11 de septiembre, nos acongojamos por nuestros muertos, y libramos guerra, la historia ha tomado un giro distinto. Hemos librado la lucha contra el enemigo. Estamos reduciendo la amenaza terrorista a la civilización, no en los confines de su influencia, sino en el corazón de su poder.
Esta labor continúa. En Irak, estamos ayudando a la gente de ese país que sufre desde hace tiempo a que forje una sociedad decente y democrática en el centro del Medio Oriente.
El Medio Oriente ya sea se convertirá en un lugar de progreso y paz, o será un exportador de violencia y terrorismo que toma más vidas en los Estados Unidos y en otros países. El triunfo de la democracia y tolerancia en Irak, en Afganistán y más allá sería un revés grave para el terrorismo internacional. Los terroristas proliferan con el apoyo de los tiranos y los resentimientos de los pueblos oprimidos.
Nuestros enemigos lo entienden. Saben que un Irak libre estará libre de ellos – libre de asesinos, torturadores y la policía secreta. Y es por eso que cinco meses después de que liberamos a Irak, un grupo de asesinos trata desesperadamente de menoscabar el progreso de Irak y hacer que el país caiga en el caos.
Hay más que la rabia ciega en estos ataques. Los terroristas tienen un objetivo estratégico. Quieren que nos vayamos antes de que concluya nuestra labor. Quieren debilitar la determinación del mundo civilizado.
Hace dos años, le dije al Congreso y al país que la guerra contra el terrorismo sería una guerra prolongada, un tipo de guerra distinta, librada en muchos frentes, en muchos lugares. Irak ahora es el frente central. Los enemigos de la libertad están adoptando una posición desesperada allí y serán vencidos. Esto tomará tiempo y requerirá sacrificio. Sin embargo, haremos lo que es necesario, gastaremos lo que sea necesario, para lograr esta victoria esencial en la guerra contra el terrorismo, para promover la libertad y hacer que nuestra nación esté más protegida.
Estados Unidos ha hecho este tipo de trabajo anteriormente. Tras la Segunda Guerra Mundial, reconstruimos las naciones vencidas de Japón y Alemania.
Nuestra estrategia en Irak tiene tres objetivos: destruir a los terroristas, conseguir el apoyo de otras naciones a favor de un Irak libre y ayudar a los iraquíes a asumir la responsabilidad por su propia defensa y su propio futuro.
Reconozco que no todos nuestros amigos estuvieron de acuerdo con nuestra decisión de hacer cumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad y derrocar a Saddam Hussein. Sin embargo, no podemos permitir que las diferencias interfieran con los deberes presentes. Los terroristas en Irak han atacado a los representantes del mundo civilizado y oponerse a ellos debe ser la causa del mundo civilizado.
Y para los Estados Unidos, no cabrá la posibilidad de regresar a la era anterior al 11 de septiembre del 2001 – al bienestar falso en un mundo peligroso. Nos hemos dado cuenta de que los ataques terroristas no son causados por el uso de la fuerza; son propiciados por la percepción de debilidad. Y la manera más segura de evitar los ataques contra nuestro propio pueblo es afrontar al enemigo dondequiera que more y haga planes. Combatimos al enemigo en Irak y Afganistán hoy para que no volvamos a encontrarlo en nuestras propias calles, en nuestras propias ciudades.
Conciudadanos: hemos sido sometidos a prueba durante los 24 meses pasados. Aceptamos los deberes de nuestra generación. Estamos activos y resueltos en nuestra propia defensa. Estamos sirviendo por la causa de la libertad – y esa es la causa de toda la humanidad.
Gracias y que Dios continúe bendiciendo a los Estados Unidos.
(* Fragmentos del discurso del presidente pronunciado el domingo 7 de septiembre. Tomado del sitio web de la Casa Blanca).