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Aunque las pandillas juveniles de Nicaragua sean hoy menos violentas y organizadas que las de otros países de Centroamérica, las circunstancias socioeconómicas del país son propicias para que se conviertan en un peligro mayor.
De acuerdo al Ministerio de Gobernación, en el país hay 255 pandillas, de las cuales 118 están en Managua, 14 en Estelí, 17 en Masaya y 16 en Granada, entre otras zonas.
Pero las autoridades creen que es innecesaria una ley contra las pandillas y han optado por programas dirigidos a cambiar actitudes, valores o creencias de los jóvenes en sus comunidades.
El coordinador nacional de Seguridad Ciudadana, Felipe Molina, señaló que una de las causas de la incorporación de jóvenes a las pandillas es la desintegración y violencia familiar. Para superarla, sugiere el “fortalecimiento de los vínculos de afecto”.
Creo que esa situación es bastante difícil de revertir, porque la desintegración ha aumentado en la medida que ha crecido la migración. Miles de niños y adolescentes han quedado bajo la tutela de tíos, abuelos u otros parientes, a veces expuestos a la vagancia, porque el padre o la madre buscan trabajo en regiones alejadas o fuera del país.
Las propuestas de Gobernación también señalan el desempleo y el trabajo informal como motivos para la formación de pandillas, aconsejando ampliar la oferta de trabajo y mejorar el ingreso. En la realidad, si existen más de 300 mil nicaragüenses sólo en Costa Rica, es porque ha sido difícil aumentar el empleo y los ingresos durante más de una década.
Pienso que frenar la migración de nicaragüenses será difícil, porque sólo en el año 2002 se sumaron más de 70 mil personas a la población urbana en edad de trabajar que “la economía no ha estado en capacidad de absorber”, según los informes del Gobierno.
Otra circunstancia que favorece a las pandillas es la “deserción y frustración escolar” y en este campo son conocidos los problemas del sistema público, ya que casi un millón de niños quedaron fuera de las aulas este año.
El Ministerio de Gobernación advierte de las “insuficientes opciones de uso positivo del tiempo libre”, pero en las ciudades nicaragüenses existen pocos campos o centros para la diversión sana. Además, visitar un parque significa, en ocasiones, exponerse a ser asaltado o atacado por una pandilla.
El homicidio ya es la segunda causa de muerte de jóvenes entre 15 y 24 años. Las estadísticas policiales muestran que la cantidad de jóvenes víctimas subió de 32 mil a 35 mil, entre los años 2001 y 2002. Asimismo aumentaron los jóvenes detenidos, de 20 mil a 22 mil en el mismo período.
La Policía de Nicaragua dice que la situación de El Salvador es peor, porque allá ocurren hasta 180 homicidios en 20 días, pero la población nicaragüense enfrenta un problema real de violencia que, aunque hoy sea el inferior del istmo, tiene razones para crecer sin control.