Educación sexual a lo nica

Carlos Manuel Delgado Leiva

Cuando hice mis estudios de Maestría en Salud Sexual y Reproductiva, lo mejor de mi formación fueron experiencias maravillosas, enriquecedoras y de consolidación de muchas de mis convicciones intelectuales que suponía era lo correcto.

Pero hubo tensión e irrespeto por parte de un grupito minoritario que deseaba imponer estereotipos y conductas ajenas a la realidad nacional, que propugnaba de manera beligerante la promoción de antivalores como la legalización del aborto como método anticonceptivo, la promoción del lesbianismo y homosexualismo, el divorcio, la legalización de matrimonios del mismo sexo, antídotos suficientes para garantizar la disminución de embarazos no deseados en adolescentes. ¿Se habrá escuchado antes semejante disparate?

Además, las desgracias de las mujeres en Nicaragua según ese grupito financiado externamente se deben principalmente a que: 1) La iglesia o la religión es el opio de los pueblos y el origen de todos sus males. 2) El Estado es machista porque no permite la aprobación de sus leyes y la ejecución de su proyecto lésbico-homosexual. 3) Los hombres deberían estar todos o casi todos en las cárceles por ser machistas.

Descalificaban completamente el proyecto heterosexual como fracasado y calificaban el de ellas exitoso. Para muestra un botón. Este grupito tildaba de forma atrevida como homo- fóbico, o sea homosexual reprimido, a todo el que no aceptara su proyecto, incluso llegaron a decirme con euforia que lamentaban lo que me estaba perdiendo por no ser gay.

Yo lideraba el grupo de la mayoría que de forma propositiva y viable nos apuntábamos por el rescate y la promoción de los valores morales, la prevención del aborto, por fomentar la autoestima, la monogamia, la paternidad responsable, por ser agentes de cambio y promover estilos de vida saludable (combatir el consumo de drogas, la promiscuidad, el machismo, etc.), con una educación sexual a lo nica respetando la idiosincrasia y la esencia nacional, lo que nos hace ser orgullosamente nicaragüenses.

Con propiedad y sin temor a equivocarme, para mí los dos problemas del manual de educación sexual son que su contenido no está redactado a lo nica, y, más grave aún ¿quiénes capacitarán a nuestros maestros y profesores de un sistema educativo tan débil?

Hay que recordar lo que les pasó a las autoridades de la ONU en Irak, creyeron en el Caballo de Troya que les llevaron y semanas después estalló el complejo por poner la seguridad en manos de irresponsables, infiltrados, o porque simplemente creyeron en cantos de sirenas provenientes de la isla de Lesbos.

El autor es médico y cirujano, Máster en Salud Sexual y Reproductiva.

Editorial
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