Lanza la piedra, Andrés…

Rosario Murillo

“Estar en paz es aceptar albergar el dolor allí, donde debamos guardarlo”

Desde que arrancó esta grotesca y barata telenovela del cine de pueblo que hacemos todo(a)s, yo sostuve que éramos víctimas de una conjura política, que utilizaba y manipulaba una personalidad en desorden.

Ambas cosas han ido quedando claras, en la medida en que el tiempo y la “gloria”, han ido dándonos razón sobre el carácter infame y trágico del juego que ha victimizado a mi familia, y sobre esa personalidad, clínicamente alterada, que pone en venta sus desvaríos, sirviendo clarísimos intereses políticos.

En El Salvador, hace poco, la señora en cuestión, sirvió de punto de referencia a la derecha, para deslegitimar a la izquierda.

En Nicaragua, cada vez que el agua corre, como a ella no le gusta, corre también ella a levantar su casa y su caso, su tienda de cachivaches, con los mismos fines propagandísticos descalificadores.

Pero en este juego de nunca acabar, hay ya, gracias a Dios, una gran diferencia entre marzo del 98 y hoy… ya casi todos sabemos que es un juego.

Un juego donde se mueve

mitomanía
megalomanía
exhibicionismo crónicos
y un terrible padecimiento
propio de los nuevos tiempos
corrupción política y moral
apabullante !

Desde la mitomanía, el juego de la señora crea historias mórbidas para provocar y chocar, con espíritu escabroso, buscando colocarse en el centro de la atención pública, que siempre quiso tener.

Desde la mitomanía, la señora se oferta y logra vender, para intentar zangolotear o chantajear, cuando partes interesadas lo requieran y se lo soliciten. ¡Bien pagado, por supuesto!

Con la megalomanía, o delirio de grandeza y poder, se ve a sí misma en los niveles presidenciales y de Estado, que siempre quiso usufructuar. Se homologa con presidentes y estadistas; “exige” excusas públicas presidenciales y millones de millones de dólares, en pago (¿por sus servicios?), cotizándose, como producto exótico y, a la vez, como ¡call-girl de lujo!

Con su exhibicionismo morboso y voyeurista, se ha hecho daño a sí misma, y ha pretendido destruir alma y familia (sin pena ni gloria), ensañándose, precisamente, en la juventud y en la niñez que tanto dice defender!

Más aún, desde todas sus modalidades de acción, esta señora ha desarrollado una persecución y una prostitución política pública, implacable, ofertando, patéticamente, alma y cuerpo, en el libre mercado de la corrupción y la indignidad, que, desgraciadamente, caracterizan nuestra vida pública! (Si alguna duda pudieran tener algunos, a estas alturas, sólo sería sobre la identidad del proxeneta de turno!)

Para tranquilidad del espíritu, sin embargo, la Historia Universal ha demostrado que los megalómanos, mitómanos, exhibicionistas, pérfidos, y prostitutos de la política, acaban siempre en desuso… el boomerang no falla… se da vuelta… los exhibicionistas y chantajistas terminan, donde deberían haber empezado… en el más absoluto ridículo, o en la más lastimosa mediocridad utilitaria!

Por eso es importante recordarles, a los que creen tener en sus manos un instrumento de negociación o de chantaje, que instrumentos como ésos, / baratos y mediocres /, abundan en el mercado; andan en todas las manos, circulan en todas las mentes; son objetos descartables, de uso, y abuso, por quienes se creen dueños y señores del mundo.

En todas partes hay mitómanos y megalómanos, burdeles y alcahuetos; así como en todas partes se cocen frijoles… Recuerden, entonces, señores proxenetas, que en cualquier momento, pueden saltarles los sapos y culebras que ustedes mismos cultivan, o los buitres, cuyos apetitos insaciables ustedes mismos, también, habrán venido exacerbando a punta de carroña y cal!

Por mi parte, me reservo, como me he reservado desde que esto arrancó, mi derecho de contar mi historia, y de denunciar y demandar a esta señora

por difamación
e intento de destrucción sicológica y moral
de mi familia.
Y le reitero
que ni nuestra alma colectiva
ni yo, persona,
tenemos precio!

y, para finalizar…
en el mes de la Patria
con pena, con gloria
canto
como Fernando Gordillo

“lanza la piedra, Andrés, lánzala…
a 147 años de distancia…
¡el enemigo es el mismo…!”

La autora es madre de Zoila América Narváez

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí