- “Nunca la represión, sobre todo con los jóvenes que son víctimas de una disgregación familiar, de un montón de problemas estructurales sociales, nunca la mano dura ha servido en sí en cambiar a una sociedad”, alega la defensora de los Derechos Humanos, para quien las detenciones llevadas a cabo ahora “son un show para engañar a la gente”
Alberto L. Alemán [email protected]
—¿Cuál es su opinión sobre las reformas del Parlamento salvadoreño?
Por lo menos considero positivo que se haya engavetado el famoso proyecto de la “ley antimaras” que era francamente inconstitucional. Ya eso de por sí es un paso positivo. Tengo mis reservas de que el endurecimiento de penas pueda mejorar en realidad el combate a la delincuencia en general, especialmente el dirigido a un sector tan vulnerable y particular como el de los jóvenes.
El hecho en sí de venir satanizando de una forma específica a los que pertenecen a “maras”, me parece a mí un retroceso jurídico que no es congruente con la mayor parte de las normas del Código Penal salvadoreño que es moderno y bastante democrático.
Creo que las mismas modificaciones aportadas no eran necesarias, porque hay artículos contenidos en el Código que ya perfectamente cubrían todos estos espacios y estaban completamente a la orden para que el fiscal o el juez los aplicaran convenientemente.
Pero ojalá que con esos métodos, y si no hay inconstitucionalidades (…) de alguna manera se avance en la protección ciudadana.
—¿Teme Ud. que las reformas tengan efectos contraproducentes a lo que se persigue?
Seguramente. Nunca la represión, sobre todo con los jóvenes que son víctimas de una disgregación familiar, de un montón de problemas estructurales sociales, nunca la mano dura ha servido en sí en cambiar a una sociedad. Es sólo crear nuevos delincuentes, nuevos resentidos, y personas mucho más rebeldes.
Si no pensamos en políticas muy, muy contundentes de reinserción social, de educación, no vamos a evitar en nuestros países centroamericanos el problema de las “maras”.
Habría sido mucho mejor gastar todo lo que nos cuesta al pueblo salvadoreño el uso del Ejército en la calle, que es carísimo y que es previsto por seis meses y que puede llegar a dieciocho meses, y usar ese dinero para planes de emergencia para la juventud, de reinserción, y claramente tener una persecución del delito confiable, porque ése es el punto. Si nuestras leyes son buenas, no funcionan las instituciones: es la Policía la que no hace bien su trabajo sinceramente, y la Fiscalía que no aporta pruebas cuando hay delitos.
Eso hace débil la persecución de la delincuencia, no es el sistema legal. No estamos entonces garantizando ningún avance en la seguridad ciudadana, sólo es un retroceso en la democracia.
—A juicio de la PDH, ¿cuáles son las causas principales del fenómeno de las pandillas, en el caso específico de El Salvador?
Son familias disgregadas, hay una disgregación familiar terrible; (grupos) que vienen de EE.UU., porque la mayoría de estos jóvenes son importados o extraditados de ese país, llegan 60 al día deportados, que es otro problema grave que tenemos y hay una dificultad estructural grave que es de acceso al trabajo, de falta de educación para conseguir un trabajo más o menos aceptable, y realmente, una gran discriminación para muchos sectores.
Entonces en ese ambiente vienen proliferando las “maras”, como una manera de sobrevivencia. Obviamente se vuelven delictivas, pero éste es otro factor. La delincuencia es algo que perseguir, pero no hay que satanizar un fenómeno social grave como las “maras” sin primero buscar la forma de superarlo con políticas adecuadas.
—¿Cree Ud. que la violencia tradicional asociada a la política, la guerra de los 80, influya en ésto? ¿Es un efecto tardío?
Fíjese que no , porque si pensamos bien, todos estos jóvenes ya pertenecen a otra generación, podrían ser a lo sumo víctimas de gente que haya recibido de la guerra malas in-fluencias, pero ahora es un problema que viene más del acercamiento a las migraciones clandestinas, al mundo duro de la sobrevivencia en Estados Unidos, son modas que hemos importado los pueblos centroamericanos, y El Salvador mucho por su alto índice de natalidad.
Entonces estos jóvenes son herederos de todo ese tremendo “desenlace” de las colonias de migrantes no insertadas en el contexto norteamericano, por eso es grave que nos exporten a estos jóvenes, completamente fuera del sistema, y nosotros estemos indefensos para poderlos insertar en el sistema nuestro. Además, no hay voluntad política. Jamás se ha hecho una política nacional que tome en cuenta la juventud y sobre todo la que tiene problemas.
— O sea, nunca ha habido una política integral.
Así es, una política integral de urgencia, y obviamente un combate a la delincuencia decidido, respetuoso de los derecho humanos y los principios constitucionales, pero eficaz y no de fachada.
Porque que pongan en el Código Penal un sanción por andar pintando casas, me parece ingenuo cuando hay delitos gravísimos de cuello blanco o masacres que quedaron completamente impunes, y nadie se preocupa por perseguirlas.
—Cuando habla de masacres , ¿habla de escuadrones compuestos por elementos de las fuerzas de seguridad que matan a delincuentes de manera ilegal?
En este último tiempo he recibido amenazas de grupos que se definen como “antimaras” que me van a hacer desaparecer también a mí.
Cómo quedan en el anonimato de una forma cobarde, podemos decir que hay un rebrote de autoritarismo y al mismo tiempo de espíritu de represión también en la gente.
A mí lo que más me duele como procuradora es ver que se está maleducando a la población en sentimientos de violencia, de persecución, en vez de (inculcarle) tolerancia y de buscar el Estado de Derecho.
—Leyendo los diarios de El Salvador, se tiene la impresión de que hay un tinte político en el plan Mano Dura y en las reformas recién aprobadas, en el debate…
Sí. Es que mire, es muy extraño que a seis meses del cambio político “se descubra” inmediatamente el problema de las “maras”; segundo es bien extraño que se militarice todo el territorio nacional por seis meses, cabalmente (coincidiendo) con el evento electoral (elecciones presidenciales de marzo de 2004). Son factores muy extraños que no dan una sensación de ecuanimidad y transparencia. Uno puede ser suspicaz y pensar muchas cosas. Además, para El Salvador, es muy negativo ver envuelto otra vez al Ejército en tareas que no son propias de él, y de las cuales se había mantenido al margen, y que pienso que había adquirido cierta respetabilidad en su propio papel y está en un plan que no le corresponde.
—¿Trabajan como Procuraduría con las “maras”?
Nosotros monitoreamos las violaciones que el Estado comete.
No le puedo negar que hemos recibido muchas denuncias de atropellos a los derechos humanos de personas detenidas en forma ilegal (…) De todas estas detenciones no hay ningún beneficio, porque los jóvenes quedan libres inmediatamente porque no hay una justificación legal para esa detención, ni siquiera con las actuales modificaciones no se logra el efecto que se pretende de quitar de circulación a los indeseables. Sencillamente es una especie de show para engañar a la gente. Después de estar detenida, esta gente sale con más revanchismo que no ayudará a una vida pacífica de sus vecinos.
—¿Qué debe hacerse para un combate efectivo a este problema?
Primeramente debería haber una voluntad política efectiva de perseguir el delito, quiere decir un sistema de justicia que funcionara realmente. Después de tanta inversión extranjera en asesoría en esa área, los resultados son muy pobres. Necesitamos una Policía más eficiente, profesional y respetuosa de los derechos humanos; una Fiscalía mejor preparada para investigar y traer pruebas fidedignas; y unos jueces más valientes, más capaces y más intachables.
Sin estos tres elementos no hay combate a la delincuencia. No es posible sólo ocuparse de las “maras” sin olvidarse de los grandes traficantes de dinero, de drogas, y de la corrupción del Estado.
Eso no se está persiguiendo con la misma eficacia y eso indica un sesgo de progaganda.