El apóstol de la enseñanza

Jorge E. Arellano

Si hubo un apóstol de la enseñanza en la época formativa del Estado de Nicaragua, ése fue el maestro Gabriel Morales, nacido en Managua el 18 de marzo de 1819 dentro de un hogar de muchas estrecheces. En 1838, cuando se fundó la primera escuela pública en Managua, tenía 19 años y algunos de entregada labor a las primeras letras, al Catón cristiano y a las cuatro reglas de la Aritmética; pero no era reconocido económicamente por el Gobierno. Fue hasta en el tercer año de la administración de don Pedro Joaquín Chamorro Alfaro (1874-79) que empezó a devengar salario.

Y es que el Maestro Gabriel no sólo instruía sino que educaba transmitiendo valores: honradez, rectitud, firmeza y, ante todo, su propio ejemplo. Sus padres fueron Ildefonso Morales y Gertrudis Largaespada, y estudió las primeras letras en la escuelita de don Remigio Gutiérrez, sin dejar de asistir nunca.

Cuando en 1859 la Municipalidad de Managua estableció su primera escuela de instrucción primaria, la del Maestro Gabriel continuó sin disminuir el número de alumnos. En 1876 el Maestro Gabriel aceptó, interinamente, el cargo de maestro de la escuela que mantenía el municipio de su población natal. Mas, siendo objetado por no ostentar el título y ante el reclamo a los munícipes de que la ley exigía el examen de suficiencia, los padres de sus discípulos y amigos le suplicaron someterse a la prueba requerida el 19 de julio de 1879. Y el resultado fue emotivo: por unanimidad —tras escuchar un brillante examen— declararon apto para el magisterio a quien tenía cuarenta años de ejercerlo humildemente.

“El Maestro Gabriel Morales —según crónica del periódico El Porvenir, de la época— vivía dedicado al magisterio, con una abnegación verdaderamente rara, y una retribución escasa, que no pasaba de 20 pesos, no obstante que el número de sus alumnos ascendía a más de 200”.

En realidad, él era un modelo ciudadano, la encarnación viva de sus originales Lecciones de Moral Práctica. Lejos de las miserias de los ambiciosos y de las vanidades de los potentados, permanecía apartado y silencioso, con sus costumbres sencillas, trabajando sin descanso y devengando un precario salario: 25 pesos en 1885, aumentando a 30 en 1887, su más alta retribución mensual. “Pero durante los once años en que su escuela corrió a cargo de la Municipalidad, su sueldo no pasó de 20 pesos sencillos: diez que le fueron asignados en esa ciudad (Managua), y diez que señaló la Dirección de Estudios, que funcionaba en Granada”, puntualizó su biógrafo Desiderio Fajardo Ortiz en la corona fúnebre del Maestro don Gabriel Morales que mandaron a imprimir en la Tipografía Nacional sus agradecidos discípulos a raíz de su muerte: el 10 de agosto de 1888.

El Maestro Gabriel escribía lecciones para los ejercicios de lectura preguntas con sus respectivas respuestas:

—¿Cuando se goza la libertad civil? –Cuando se existe bajo leyes justas que sólo manden o prohíban lo que sea conducente a la felicidad común.

—¿Es necesaria la libertad? —Sí, y en tanto grado, cuanto que sobre ella descansa la moral pública y privada, todas las artes, talentos naturales de la vida, y sin ella los hombres no tendrían reposo, confianza, dignidad ni dicha alguna.

—¿Qué vicios se oponen a la libertad? —La ignorancia, el egoísmo, el desprecio de los medios de defensa, la indiferencia de las calamidades públicas y la insensibilidad en la opresión de alguno o algunos ciudadanos.

El autor es historiador. Texto tomado y editado de su libro Héroes sin fusil.

Editorial
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