Educación básica y competitividad

Juan Fernando Ramírez A.

¿Es posible para Nicaragua competir en un mundo globalizado con un 50 por ciento de la población económicamente activa que no ha terminado su primaria? ¿Puede un analfabeto funcional trabajar adecuadamente en el sector turístico como mesero, bar-tender o guía turístico? ¿Puede un pequeño agricultor mejorar su tecnología si no sabe leer instrucciones sobre cómo aplicar los agroquímicos? ¿Puede un joven trabajar en acuacultura si no sabe leer instrumentos y anotar indicadores? ¿Puede un obrero trabajar en la industria moderna si no sabe operar los microprocesadores que vienen incorporadas a las maquinarias?

¿Vendrían a instalarse a Nicaragua industrias maquiladoras no textiles cuando en República Dominicana se dan el lujo de contratar sólo bachilleres en sectores como farmacéutica y la electrónica? ¿Puede un obrero de un aserrío moderno o una fábrica de muebles operar un cortador guiado por láser?

Las respuestas a estas preguntas son obvias. No puede el país competir, atraer inversión, etc, con los actuales niveles de educación. La situación actual es preocupante. Aunque la cobertura de educación primaria ha aumentado en los últimos quince años, debido a la situación de crisis presupuestaria en los últimos tres años el gasto por alumno en educación se ha estancado en US$78 (2002). Esto no puede suceder sin causar serias consecuencias para el país. ¿Qué educación de calidad se puede esperar con este per cápita, cuando Honduras gasta $250, Costa Rica $600 y México $1,300. ¿Podemos competir con esos niveles de inversión por alumno?

Es necesario aumentar los recursos de fuentes internas y externas para que el stock de analfabetos desertores del sistema no aumente. Eso es lo primero. Nicaragua ha preparado un programa que responde a las necesidades más sentidas del sistema educativo de primaria llamada Iniciativa Rápida de Educación para Todos, el cual ha sido presentado a la comunidad de donantes que ha respondido incrementando su apoyo a la educación primaria en Nicaragua.

Lo segundo es lo que se puede hacer con los 980,000 (50 por ciento de la PEA) analfabetos funcionales en edades de 12 a 45 años. El Ministerio de Educación tiene un proyecto exitoso que atiende actualmente a 50,000 personas y les brinda en tres años una educación básica (nivel de primaria) con orientación y habilitación laboral (PAEBANIC co-financiado por España). Es urgente para el país expandir masivamente ese programa para que por lo menos 500,000 personas, o sea el 50 por ciento de esa población tenga un nivel de primaria en siete años. Para tal efecto existe un Proyecto del MECD a ser financiado por el BID, el cual debería tener la más alta prioridad nacional.

La inversión en educación es una cuestión de Estado. La supervivencia misma de la paz social y del mismo Estado nación depende de que logremos niveles de crecimiento económico sostenido por un período muy largo. Esto no se puede alcanzar sin inversión extranjera. Esta no fluirá en los niveles deseados sin tener una población educada y con elementos de habilitación laboral.

No hay forma de competir en ninguno de los “clusters” o conglomerados que el país ha seleccionado en su estrategia de desarrollo, sin realizar una inversión mayor en educación. Costa Rica sigue con grandes problemas de carreteras, pero ha podido progresar por sus continuos avances en su sistema educativo.

¿Estamos preparados para incorporar este aspecto en la estrategia de desarrollo? ¿Podremos corresponder de la misma forma en los presupuestos del año 2004 revirtiendo la tendencia de estancamiento del gasto per cápita en educación? ¿Podremos asignarle una altísima prioridad a un proyecto de educación básica con habilitación laboral para cienes de miles de jóvenes y adultos? Hay que dar pasos firmes y decididos en esa dirección. La educación es la mejor inversión que puede hacer el país, ya que en la economía intensiva en conocimiento trae competitividad, crecimiento y progreso.

El autor es economista.

Editorial
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