Edgard Tijerino M. [email protected]
Consciente de sus limitaciones a lo largo de siempre en el concierto internacional, el fútbol nicaragüense se ha caracterizado por mantenerse fiel a “un estilo”: agruparse para defender con uñas y dientes, y refugiarse en la posibilidad del contragolpe.
¿Recuerdan el juego contra Estudiantes de La Plata, incluido —no sé por qué, dado que era amistoso— en nuestro debilitado Salón de la Fama?
Exactamente eso fue lo que se hizo. Santiago Berrini no necesitó frotar alguna lámpara para que un genio consejero le recomendara una defensa valiente y súper poblada, y la opción del contragolpe.
A ratos, esa batalla pareció un frontón. Nunca vi más heroico a Miguel “Chocorrón” Buitrago que esa tarde ante casi 10 mil fanáticos en el Estadio Nacional. Pobre “Peché” Jirón, dando la impresión de haber jugado tres partidos sin respiro, y los arqueros Mayorga y Dubois, colgados del arco iris.
Hace unos meses en Panamá, observé a una Selección Mayor dirigida por el italiano Battistini, lo suficientemente flexible, pensante y hasta agresiva, fajándose bravamente con rivales de superior jerarquía por su fogueo, antecedentes y nivel de juego.
Era un equipo sorprendentemente crecido, desprovisto de complejos e inhibiciones, suelto incluso, fabricándole problemas a los adversarios sin respetar su tamaño. Algo alentador amigos, una señal de resurgimiento que obligó a la captura de muchos elogios.
“Es un equipo muy difícil porque sabe marcar y puede proyectarse. Carece de orden, pero muerde. Si no brillamos fue porque ellos multiplicaron sus esfuerzos”, admitió con cierta amargura Steve Sampson, el norteamericano que adiestra a los ticos.
No sólo se evitaron las viejas goleadas, sino que se jugó con atrevimiento.
Ahora tenemos a la Selección Sub-23 enfrentando a los ágiles panameños, que en esa categoría, son peligrosos. La pregunta es: ¿qué fútbol veremos?
Esperar una actuación como la registrada en Panamá hace unos meses, en un torneo en el que se logró vencer a los locales, parece una pretensión muy fuerte, porque no se ha podido disponer del tiempo y los recursos suficientes, y una vez más, dependeremos de los chispazos.
En su última presentación, los Sub-23 —según los analistas que han seguido paso a paso su adiestramiento— se vieron inseguros en la defensa, y eso, naturalmente preocupa, porque es decisivo.
¿ Y LA DEFENSA?
Si no garantizamos la contención, las posibilidades de una buena presentación, más allá de victoria o derrota, se debilitan considerablemente. Del funcionamiento en el fondo y el paso por el medio campo, depende la capacidad de agresión de muchachos como Emilio Palacios, David Martínez y Rudel Calero.
¿Qué tan atrevido puede ser Battistini con el material humano disponible? ¿Tendremos tiempo de organizarnos y ejercer presión o seremos desbordados por la velocidad y empuje del rival? Como siempre, estamos frente a un gran reto.
No podemos crecer tan bruscamente mientras necesitemos hacer tanto en diferentes direcciones, de eso estamos claros, pero lo visto en Panamá, permite que manejemos, inevitablemente, una buena cuota de optimismo.