Roger García-Marenco
Esta damita y su violador son, paradójicamente, un pareja inseparable, ambos comparten el mismo asiento por siniestras y opuestas circunstancias. Una patética poetisa, huérfana de nacimiento de “sexapil” usa a su hija para disfrutar del poder, mientras una indefensa adolescente paga el precio de su adolescencia y de la traición. Es un escenario hollywoodense en Acahualinca, o en la “oral” office de Bill Clinton.
Zoilamerica no merece cien mil dólares sino cien veces esa cantidad, más otras compensaciones, pero no deben ser pagadas por el actual Gobierno que nada tuvo que ver en ese triste asunto, lo debe pagar su autor, nadie más.
Pretender pasarle la cuenta a los pagadores de impuestos es sólo una muestra más de que en este surreal y kafkiano país, en donde, en ciertos sitios, el Padrenuestro es rezado al revés, el Viernes Santo a la tres de la tarde por núbiles semidesnudas, para promover el negocio. Aquí “el plomo flota mientras el corcho se hunde”.