Fincas bananeras luchan por competir

Carol MunguíaCorresponsal/[email protected] Un abanico de limitaciones enfrentan los productores bananeros en el ciclo productivo, aunque de manera optimista coinciden que éste es un buen año agrícola. Chinandega redujo su potencial productivo, de 15 fincas solamente nueve se están explotando, reduciéndose el área de tres mil hectáreas en sus mejores tiempos, a solamente mil hectáreas. Las […]

Carol MunguíaCorresponsal/[email protected]

Un abanico de limitaciones enfrentan los productores bananeros en el ciclo productivo, aunque de manera optimista coinciden que éste es un buen año agrícola.

Chinandega redujo su potencial productivo, de 15 fincas solamente nueve se están explotando, reduciéndose el área de tres mil hectáreas en sus mejores tiempos, a solamente mil hectáreas.

Las fincas que se dedican al cultivo de banano son: Relámpago, Pensilvania, Teresa, Coquimba, El Cardón, San Luis, Alfonso, Angelina y Alfonsito.

Para don Miguel Cuadra Venerio, de la finca El Cardón, el problema principal es que hay mucha demanda de banano en el mundo y los compradores son exigentes en la calidad de la fruta.

Entre las principales desventajas menciona que en la época en que se consiguen los mejores precios es el primer trimestre del año, meses en que en Nicaragua hay menos producción, además que los productores nacionales tienen que utilizar puertos hondureños para sacar sus embarques, reduciendo sensiblemente sus utilidades.

“En otros países las fincas bananeras están geográficamente más próximas a sus puertos”, dijo Cuadra, quien señaló que otra de las limitaciones de este negocio es que la mayor producción está en el Pacífico, contrariamente a la ubicación del mercado que se establece en el Atlántico.

El banano nicaragüense además que lo pagan barato, es de muy buena calidad, por eso resulta atractivo para los compradores, sin embargo, estas limitaciones frenan el desarrollo del potencial en Occidente.

Las fincas bananeras instaladas en el municipio de El Viejo sufrieron pérdidas fuertes durante el huracán Mitch, en octubre de 1998, que les obligó a echar a andar un plan de renovación para salvar las fincas el cual representó una fuerte inversión financiera que todavía están pagando.

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