Tiempos electorales vs tiempos del desarrollo

David Manuel Orozco*

Una economista me comentaba hace un par de años, a propósito de una de las tantas crisis de gobernabilidad del país: “Somos un país lleno de gente capaz, el problema es cuando tenemos que funcionar como colectivo”. Me pareció muy interesante aquella reflexión, al punto que no la olvidé y la anduve paseando en algún lugar de mis neuronas. Pero hace pocos días, al topar con un titular de una revista que decía “se calienta el ambiente electoral” se me vino el recuerdo de la mencionada reflexión.

Me puse a relacionar que eso de funcionar como colectivo me parece una noción emparentada con lo que llamamos “la política”, que según el diccionario es, nada más y nada menos, el espacio de realización de lo colectivo. La política hace posible que funcionemos como país. Pero parece que en Nicaragua entendiéramos que la política sólo son las elecciones, porque vivimos en una “electoralitis” brutal. Hagamos memoria: no terminó de acomodarse el Ejecutivo luego del caso del ex presidente Alemán, cuando ya había empezado la “nombradera” de los pre candidatos para alcaldes, y se generaron las crisis colaterales ya conocidas. Luego, terminando las municipales entraremos en las nacionales. Prácticamente pegamos un proceso electoral con otro, estiramos los ciclos políticos-electorales de manera tal, que vivimos en una ficción permanente.

Obviamente que no estoy en contra de las elecciones, todo lo contrario, me parece uno de los ingredientes clave de la democracia. Pero sucede que mientras gastamos el tiempo entre un show y otro nos olvidamos de otros temas muy importantes: los del desarrollo. Por ejemplo, muy poco hablan los medios de la estrategia nacional de desarrollo del país, actualmente en proceso de consulta. Y eso que de esta estrategia dependerá en parte importante el modo en que los nicaragüenses vivamos los próximos años. ¿Por qué será entonces que no nos dedicamos un poco más a estos temas, y dejamos las elecciones para su tiempo?

La cultura caudillista que gobierna nuestra política nos tiene “lampareados”, por eso nos gusta tanto oír de elecciones, pensando que de ellas emanará el líder que nos sacará finalmente el clavo. Deberíamos darle la justa dimensión a cada cosa, y darnos también el chance de discutir más las cuestiones sociales, de la economía y del desarrollo, y por supuesto, aquéllas que también tienen que ver con la política, pero no necesariamente con la parte electoral.

Deberíamos dejar de enfrentar los tiempos electorales con los del desarrollo, y dedicarnos a conciliarlos. Siento que los medios podrían hacer mucho en este sentido, contribuyendo a que funcionemos como un buen colectivo.

* El autor es sociólogo.
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Editorial
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