Jeffrey McCrary, Ph.D.*
Se ha reportado en LA PRENSA una mortandad de peces en la laguna de Apoyo. Yo, como coordinador de un proyecto de monitoreo de los peces en esa laguna, que ya cuenta con diez años de acumular datos, deseo expresar mi opinión acerca de este acontecimiento que muchas preocupaciones sinceras ha motivado de Marena, la Procuraduría Ambiental, la sociedad civil y varios profesionales en la conservación del medio ambiente en el país.
Se han identificado tres potenciales amenazas a los peces en la laguna de Apoyo. El uso de pesticidas, la construcción de edificios con su movilización de tierra, y la introducción de las ruidosas motos acuáticas pueden jugar algún papel en la muerte de los peces. Aunque dichas actividades seguramente están dañando a la laguna, sospecho de otro factor clave. Desde hace unos años, hemos notado un marcado aumento de peces ciegos, principalmente entre las mojarras, aparentemente causado por un tremátodo, que es un parásito que infecta los ojos y luego mata al pez.
Se sospecha que la epidemia de ceguera en los peces de la laguna de Apoyo es provocada por una especie de pez introducido a la laguna durante los años 90, la famosa tilapia. Esta especie es responsable de la destrucción ecológica de la laguna de Apoyo, y ha sido también documentado como la causa de una disminución tremenda en la productividad pesquera en el Lago de Nicaragua. La tilapia es en parte responsable de un brote de tremátodo en el lago Victoria, en África, que ha infectado millones de africanos con una enfermedad fatal llamada esquistosomiasis. Entre las posibilidades que hay ahora se cuenta la inminente extinción de cuatro especies de peces que únicamente nadan en las aguas azules de Apoyo, además de la posibilidad de crear condiciones propicias para un brote de enfermedad humana entre los nicaragüenses.
El ampliamente publicado científico, doctor Kenneth McKaye, se quejó directamente a Marena en los años 90, cuando se propuso un proyecto que contemplaba engordar tilapias en jaulas flotantes en el agua de la laguna de Apoyo, con fines de comercio de pescado. En ese tiempo, Nicaragua ya había vivido el ejemplo de los efectos negativos de la colonización de tilapias en el Lago de Nicaragua, cuyos impactos se reseñaron en la revista científica Encuentro, en 1998. Los argumentos sobre el desastre que puede resultar después de la introducción de peces no nativos en esta laguna fueron descartados, y el proyecto procedió en el costado norte de la laguna. Las razones que me presentó en ese tiempo un colega del Marena (debo agregar que de forma extra-oficial) eran de que: uno, las jaulas son diseñadas para no permitir escapar ningún pez; dos, cualquier pez que escapa será macho debido a la tecnología de punta de reversión de sexo utilizada en las granjas de reproducción, asegurando entonces que la colonización de la laguna por tilapias no puede suceder; y tres, las tilapias son herbívoras, supuestamente implicando que son inocuas para el ecosistema.
Aunque hay amplias evidencias de la capacidad destructiva de la tilapia en ecosistemas naturales en el trópico, y la misma actividad es prohibida por ley en Florida y muchos otros lugares en el mundo, dicho proyecto se inició y continuó unos años, y luego fue abandonado. Mientras tanto, acumulamos evidencias contundentes de la presencia de tilapias dentro de la laguna y de sus actividades destructivas.
En un artículo en Encuentro en 2001 comprobamos que: primero, las tilapias cultivadas en las jaulas de dicho proyecto se encuentran libres dentro de la laguna, escapadas de las jaulas; segundo, las tilapias en la laguna incluyen hembras fértiles; tercero, las tilapias ocupan regiones cada vez más amplias de la laguna, desplazando las especies nativas; cuarto, la vegetación subacuática, antes abundante, ha desaparecido totalmente de la laguna, coincidente con la presencia de tilapias, dejando el interior un virtual desierto acuático; y, quinto, una epidemia de ceguera particularmente entre las mojarras de la laguna, aparentemente causada por tremátodos, seguramente provocada como secuela de vivir en un ecosistema estresado.
Hasta la fecha no se ha contemplado imponer sanciones a la empresa correspondiente por los daños producidos a los bienes comunes del pueblo nicaragüense.
* El autor es profesor-investigador de la UCA e investigador asociado en el College of Natural Resources, de Virginia Tech, en EE.UU., y dirige la estación de investigación biológica en la Reserva Natural Laguna de Apoyo.
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