Matrimonio auténtico

José Sandino [email protected]

Como parecen estar de moda las noticias sobre matrimonios entre personas del mismo sexo en alguno que otro país, me permito referirme al tema con el ánimo de que prevalezca la recta razón y no los sentimientos de modas pasajeras.

Actualmente, en los Estados Unidos ya van más de 36 estados que han aprobado en sus territorios la llamada Ley de Defensa del Matrimonio, la cual fue aprobada por el Congreso de esa nación desde julio de 1996 y con la firma del presidente Clinton. (Cfr. Aceprensa: junio 18-2003)

Esta Ley define el matrimonio como la “unión legal entre un hombre y una mujer” y deja sin efecto todo otro tipo de unión, pues no encaja dentro de la realidad natural y auténtica del matrimonio. Precisamente, dicha Ley surge “para definir y proteger la institución del matrimonio”. Por ejemplo, refiere el término “cónyuge” solamente a personas del sexo contrario, tal como aparece en la tercera sección de la Ley.

Por otro lado, los estudios hechos al respecto sobre uniones entre homosexuales han aportado una serie de datos precisos, según el psicólogo holandés Gerard van den Aardweg. Algunos de los resultados son:

1. No más de un dos por ciento de hombres y algo más del uno por ciento de mujeres en las poblaciones censadas (USA y Gran Bretaña) presentaron tendencias homosexuales.

2. En Dinamarca, cuatro años después que se reconocieran legalmente los “matrimonios” homosexuales, no se habían registrado ni dos mil sobre cinco millones de habitantes.

3. Características de estas uniones: breve duración y ausencia de fidelidad y —por lo tanto— falta de estabilidad. Por ejemplo, en un estudio realizado en EE.UU. con 574 hombres homosexuales, se concluyó que sólo tres habían tenido un solo compañero, el uno por ciento entre tres y cuatro, el dos por ciento entre cinco y nueve, el tres por ciento entre diez y 14, el ocho por ciento entre 25 y 49 (Cfr. Studi Cattolici: Milán, julio-agosto de 1998).

Por otra parte, en un estudio de Blumstein & Schwartz en USA, se afirma que sólo un tercio de los homosexuales que formaban pareja consideraba importante la monogamia, por lo que “un homosexual monógamo es una figura tan rara que los otros homosexuales no la creen posible” (Cfr. Aceprensa 113/98).

Además, el psicólogo holandés Gerard van den Aardweg, en sus treinta y cinco años de estudio y tratamiento de la homosexualidad, refiere que aún las relaciones duraderas entre homosexuales no eran continuas ni estables, pues estas “parejas” pasaban juntos un largo período pero con intervalos en los que cada uno buscaba otros contactos. Otras veces la relación se mantenía solamente por razones económicas o de negocios.

4. En esta situación es impráctica y arriesgada la adopción de niños por estas “parejas”, pues quedan a merced de los cambios.

Por tanto, en Nicaragua no se debe jugar a ensayar formas de convivencia antinatural, y mucho menos educar o legislar para equipararlas ante una realidad tan sagrada y básica como es el matrimonio: el futuro de un país depende de la solidez de sus familias.

El autor fue Viceministro de Educación.

Editorial
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