Aproveche la naturaleza del niño para fomentarle la lectura. Una simple curiosidad del niño lo puede llevar a ser un gran orador.
Todo padre de familia sueña con que su hijo aprenda a leer desde los cuatro años, de tres si es posible, pero ¿estamos contribuyendo para que sea realidad?
Los niños de corta edad traen una sed innata por aprender. La tarea de los formadores está en saber cómo conducir la naturaleza del niño.
Jesús de Santiago y Blanco, director general de Hispamer, explica que lo básico para enseñar son las letras del alfabeto. “Es indispensable que el niño a temprana edad se familiarice con los libros e imágenes. ‘Educa’ es una línea editorial especializada en la enseñanza de los niños de un año en adelante. Las gruesas página de estos libros no se deterioran fácilmente y le dan la oportunidad de manipular algo que antes se le prohibiría”, dice.
El niño de un año no ha madurado sus movimientos motores, por lo tanto, se puede grabar en su memoria que los libros forman parte de su recreación, aconseja
“Una vez que el niño ha aprendido a leer, se les debe fomentar la búsqueda de valores a través de los personajes de una historieta, comprarle lecturas donde el niño se sienta identificado con alguno de los personajes, comentar con ellos la historia y observar el grado de afinidad que siente por la misma”, indica Santiago y Blanco.
Use diccionario
El uso del diccionario en el momento que se está leyendo es otra alternativa que cultivará el buen desarrollo de su pensamiento. No hay que dejar al niño con la duda. Las palabras desconocidas le darán el impulso de emplear las palabras adecuadas para expresar sus ideas claras.
Leerle al niño en voz alta es uno de los métodos que permite atraer la atención eficazmente. Formular las palabras correctas, desarrollarle habilidades en el lenguaje y la oratoria son otros beneficios que se extraen de la lectura.
Hágale su propia biblioteca
Pedagógicamente es sano que el niño tenga un sólo espacio dónde estudiar y ubicar sus útiles, principalmente sus libros, esto fomentará el valor a la obra. Archive junto con él los trabajos hechos por el niño y hágalo que sienta que sus trabajos merecen ser archivados.
Obséquiele un libro que despierte el interés por guardarlo o simplemente sugiérale la idea de hacer su propia biblioteca. Enriquezca ese espacio con libros interactivos que contengan dibujos para pintar, sopa de letras, crucigramas, adivinazas, etc.
No es necesario disponer de una gran infraestructura, de un pequeño espacio dentro de la casa, puede hacer ese rincón de lectura del niño, basta con una mesita, una sillita y algún mueble donde él pueda ubicar sus libros y útiles. El lugar puede ser decorado de manera atractiva para el pequeño.