- Tras el triunfo en impulsar reformas a la costosa seguridad social, el mandatario presenta una nueva propuesta impositiva
- Iniciativas lo alejan de su
electorado tradicional
EFE
SAO PAULO.- El Presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, se puso el lunes al frente de la campaña de su Gobierno en favor de una reforma tributaria tan polémica como otra al régimen de jubilaciones, que le ha costado parte de su crédito político en los sectores de izquierda.
Lula asumió personalmente la defensa de la reforma impositiva ante decenas de hombres de empresa reunidos durante la inauguración de una fábrica de celulosa y papel en la ciudad paulista de Jacareí.
“Aún con divergencias, vamos a aprobar esa reforma tributaria, que será extraordinaria para quienes producen, exportan y generan empleo”, afirmó el jefe de Estado, aplaudido por los empresarios.
Fue la primera advertencia directa de Lula a sus adversarios en relación con la reforma tributaria, que hasta ahora había relegado por la búsqueda de consenso en torno a una modificación del sistema de jubilaciones y pensiones.
Esa reforma al sistema de jubilaciones fue aprobada en primera instancia en la Cámara de Diputados y todavía se tramita en el Senado, pero en el Gobierno existe la convicción absoluta de que nada podrá echarla atrás.
La nueva legislación impositiva que Lula ha comenzado a impulsar personalmente constituye, junto con los cambios del régimen de jubilaciones, la columna vertebral de las reformas estructurales que el líder socialista ha planteado para Brasil.
El oficialista Partido de los Trabajadores (PT) dice que los efectos combinados de ambas reformas supondrán el primer paso para la eliminación del déficit del sistema de seguridad social, que para diciembre próximo se calcula en unos 30,000 millones de reales (unos 10,000 millones de dólares).
En el caso de la reforma impositiva, la oposición rechaza la incorporación al paquete tributario formal de una tasa que grava las transacciones en cheques y rige desde hace cinco años, pero de forma “provisional”.
Lula propone darle carácter permanente con una tasa que el Fisco podrá fijar dentro de una banda que va del 0.8 por ciento al 0.38 por ciento que rige actualmente.
A pesar de algunas reacciones adversas, las dos reformas gozan del respaldo de la mayoría de los brasileños, según recientes encuestas.
LA REFORMA DE LA SEGURIDAD SOCIAL
La reforma del sistema de seguridad social afecta en especial a los más altos escalones de la administración pública, que constituyen buena parte de la base política del PT y están en huelga desde hace 40 días.
En su campaña contra esa reforma, los empleados públicos se han encontrado con el respaldo de partidos de la izquierda marxista, que han llegado a asegurar que Lula ha “traicionado a los trabajadores”.
A la oposición a esas reformas se sumaron algunos pequeños grupos del PT y hasta cinco parlamentarios del partido socialista en el Gobierno, a los que la dirección nacional ha puesto en la picota y amenaza con la expulsión.
Los puntos más polémicos de la reforma al régimen de jubilaciones son el aumento de la edad mínima para el retiro (de 48 a 55 años para las mujeres y 53 a 60 para los hombres) y un límite de 2,400 reales (800 dólares al cambio actual) para las jubilaciones en el sector público.
TRAPILLOS AL SOL
El PT y Lula fueron los más porfiados adversarios de una reforma tributaria similar que, sin éxito, intentó implantar el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, antecesor del actual jefe de Estado, según críticos. El presidente del Tribunal Superior del Trabajo, Francisco Fausto Paula de Medeiros, ha dicho que la reforma propuesta por Lula es más “neoliberal” que la pretendida por Cardoso y que, con ella, “aumentará la carga sobre la clase media y se ocultará la cara de los deudores históricos de la seguridad social”.