Angélica Martínez [email protected]
Sonó el primer acorde de violines y de inmediato las emociones poblaron la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío. Canciones como Júrame, de María Greever, interpretada en la voz del tenor Ulises Dubón Blandón, o La donna e mobile, de Giuseppe Verdi, en la voz del joven Ricardo Morales, arrancaron algunos de los más sonados aplausos.
Cada una de las casi mil personas que llenaron el teatro la noche del jueves pasado, unidas por una causa, salvar a Radio Güegüense, se vieron conmovidas hasta las lágrimas con temas como Almohada, de Adán Torres, y, por supuesto, La bala, de Salomón de la Selva y Ofilio Picón. Con este tema cerró la gala cuyos fondos serán como una inyección de vida para la única emisora cultural de Nicaragua.
Tras el último aplauso para los artistas, en aquella sala de teatro que poco a poco quedaba vacía, si se aguzaba el oído podía escucharse un leve eco, una voz conocida que nos enseña esas “pequeñas lecciones de música de un aficionado para aficionados…”
Si don Salvador Cardenal A. (q.e.p.d.) hubiera estado presente físicamente (porque su espíritu sí inundaba el salón), quizás dos cosas habría dicho: “Gracias… no por su preocupación por la Radio sino por la cultura”; y probablemente, “ojalá más radioemisoras se preocuparan por promover el arte nacional, que no tiene nada que envidiarle a otras naciones”. Atrevidamente me aventuro a suponer que eso habría dicho don Salvador. Quienes lo conocieron podrán decir si me equivoqué.
Y es que después de una noche tan emotiva como la del jueves 14 de agosto, queda la incertidumbre de saber si este evento servirá para que más personas se interesen por ayudar a la Güegüense o sólo prolongó la agonía en la que se encuentra la radioemisora.
Por lo pronto ya existe una iniciativa de parte del Club de Amigos de Radio Güegüense, cuya directiva está compuesta por personalidades como don Emilio Álvarez Montalván, doña Gladys Ramírez, don Alejandro Serrano Caldera y don Luis Sánchez Sancho, quienes lucharán por motivar a más personas a que se unan al club y aporten una cantidad mensual que puede ser desde cinco córdobas hasta lo que su corazón y su cartera les permitan para sostener a la radio. La única condición que se pide es que este compromiso sea permanente.
Además, el Foro Nicaragüense de Cultura anunció que en los próximos días le pedirán al Gobierno que la Radio Guegüense sea declarada parte del Patrimonio Cultural de Nicaragua, y de esta forma evitar que un día desaparezca.
En mi carácter personal, sólo me resta pedir a la empresa privada que no abandone a la Güegüense. Los empresarios deben pensar que sus hijos les agradecerán cuando sean mayores, o los condenarán si les heredan un país de personas tan materialistas que no pudieron donar cuatro pesos para preservar lo que no se compra con dinero: el amor por la cultura.
Salvemos a la Radio Güegüense.
La autora es periodista